Cervantes critica a quienes escriben comedias pensando más en el éxito comercial que en el arte. En contra de lo que se afirmaba, Cervantes no culpa de la baja calidad de las obras al público común, sino a los dramaturgos y compañías cuya incapacidad de ofrecer algo mejor estropeó el gusto y acabó con el potencial cultural que el teatro debía tener para la sociedad. La búsqueda del aplauso fácil convirtió al teatro en un negocio puramente lucrativo, cuyo único objetivo era llenar los corrales de comedias recurriendo a los instintos más simples. En palabras del canónigo de Toledo: ¡"Qué de milagros falsos fingen en ellas, qué de cosas apócrifas y mal entendidas, atribuyendo a un santo los milagros de otro! Y aun en las humanas se atreven a hacer milagros, sin más respeto ni consideración que parecerles que allí estará bien el tal milagro y apariencia, como ellos llaman, para que la gente ignorante se admire y venga a la comedia"