La ideología es un sistema de representaciones, imágenes y conceptos que estructura la vida social. Una de sus funciones consiste en ocultar las contradicciones y la explotación del sistema, haciéndolas parecer normales o inevitables. La tecnología es hoy la cobertura perfecta porque se presenta como "neutralidad técnica", pero al mismo tiempo es la fuente porque genera nuevas formas de subjetividad ( el yo como mercancía) y control que antes no existían. El sistema no necesita fieles, sino usuarios. Creer que la tecnología es neutral es, en sí mismo, una postura ideológica en la medida en que el algoritmo está programado bajo los valores de quien lo crea y mantiene. Cuando el sistema se vuelve tan dominante que deja de ser cuestionado pasa a llamarse realidad e ideología a todo proyecto que proponga cambiarlo. El presente ensayo es ideológico.
martes, 24 de marzo de 2026
sábado, 24 de enero de 2026
Theodor Adorno contra un mundo que exige gratitud por nuestra propia alienación. Introducción.
La genialidad de la actual positividad tóxica reside en su capacidad para transmutar la opresión en un objeto de gratitud. No solo habitamos una vida falsa, sino que se nos educa para celebrar las condiciones de nuestra propia servidumbre. Al presentarse como el proveedor exclusivo de bienestar, ocio y sentido, el capitalismo tardío exige una lealtad emocional que anula la protesta. Esta gratitud por la alienación crea un círculo vicioso: el sujeto agradece el consuelo que el mismo sistema le vende para aliviar el dolor que el propio sistema le provoca. Así, la resistencia se vuelve casi imposible, pues cuestionar la totalidad se interpreta como un acto de ingratitud hacia el 'progreso' que nos alimenta. En este escenario, la verdadera moralidad no consiste en ser agradecidos, sino en recuperar la capacidad de decir 'no' a una armonía que se construye sobre la negación del sujeto." La vigencia de la Dialéctica Negativa propuesta por Adorno reside precisamente en su negativa a cerrar la herida.
viernes, 4 de abril de 2025
Le herida. Diálogos con los libros. Introducción
Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor
Juan Gelman
I De mi propia cosecha he aprendido muy poco, pero con la profunda atención de quien oye llover (José Bergamín) he leído a otros más talentosos. Las conversaciones que a solas he mantenido con sus obras son el tema del presente ensayo o conjunto de pretextos. Los libros que más me han ocupado a lo largo de mi vida han sido aquellos que ofrecían una interpretación del mundo o un proyecto para cambiarlo, pero ni en los más fecundos de estos diálogos he llegado a descubrir el sentido de la vida, lo que me hace pensar que solo hemos nacido para morir. Pese a ello, sin el perfume que los libros dejaron en mi vida no habría tenido fuerzas para volver a empujar la barca cada mañana. Lo mismo puedo decir del tipo de música que aspira a algo más que romper el silencio, ya se trate de la perturbadora ópera Lulú, de Alban Berg o de las misteriosamente apacibles composiciones para viola de gamba y teclado escritas por Couperin, notas sutiles e inmensas que contrastan tanto con la pompa y las fanfarrias versallescas como con el actual adocenamiento.
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| Sísifo, 1549. Tiziano |
II Pero, al que solo es hombre, ¿quien le canta?. Ángela FigueraMis conocimientos y habilidades solo me permiten ser un mero glosador de la obra de otros, una especie de exégeta medieval que escribe para aprender y cuyo único mérito consiste en tratar de desbaratar el orden impuesto por el idealismo culturalista, no en favor del nuevo Desorden mundial que promueven las grandes fortunas, sino para rearmarlo todo en su versión no autorizada, es decir, desde el punto de vista de quienes ocupan el banco inferior de los remeros, mujeres y hombres cuyo testimonio ha sido silenciado, unas veces de forma violenta y otras privándolos de las capacidades y los medios necesarios para comprender los motivos por los que nunca cumplirán sus sueños. De
ahí la importancia de quienes como Pierre Michon escriben
para que los muertos no mueran del todo, o para que su sombra tenga
la misma intensidad que la de los reyes. Como
escribe Horkheimer, el sistema solo puede ser criticado por quienes
viven de él, los “otros, los que tienen la ocasión de conocerlo desde abajo, son desarmados mediante la despreciativa connotación de que están amargados, deseosos de venganza, son envidiosos". De las “corteses y hambrientas razones” de uno de esos otros gigantes sobre cuyos hombros empapados de sudor barato (Ángela Figuera) también nos hemos alzado (Sancho) he aprendido que no hay que mayor virtud la buena voluntad ni peor defecto que la falta de respeto, básicamente porque ambas están al alcance de todos. Don Quijote y el canónigo de Toledo, posible interlocutor de Cervantes, dan a Sancho el mismo consejo: para ser buen gobernador, lo primero es tener buena intención. Por lo que a los desconsiderados se refiere, parafraseando a Luciano Canfora podríamos decir de ellos que su mayor placer es gritar NO a los infelices. Según Borges, lo más importante de un autor es su entonaciónIII Las perlas no hacen el collar; es el hilo. G. Flaubert
En ocasiones, lecturas que iluminan la existencia me han enmudecido de tal manera que cualquier cosa que hubiese dicho yo habría sido decir menos. Este es el caso del drama social de John Boynton Priestley titulado Ha llegado un inspector del que solo me he atrevido a tomar una cita; también de Los hundidos y los salvados, de Primo Levi, ensayo al que solo he podido unir otra frase del mismo autor para comentar su relación con Jean Améry. En realidad, quien no reciba un relámpago de entendimiento con la lectura de tales obras no lo recibirá de comentario alguno. Por contra, escritores o textos de renombre o no me gustaron o no los entendí. Entre los primeros está Haruki Hurakami; entre los segundos, paradójicamente, el poema de Octavio Paz titulado “Vida sencilla”. Cuando el penúltimo verso de este poema dice que aspira a que al morir le alcance el perdón siempre me pregunto: ¿perdón de qué y de quien?
Los libros son temas de discusión, pero su lectura se dificulta cuando se convierten en modelos conceptuales, teóricos y metodológicos compartidos por una comunidad científica o profesional para abordar problemas específicos en un campo particular. Por contra, para comprender algo es necesario salirse del tema. Estos breves textos son una excusa para aportar mis opiniones de manera problemática y transversal, es decir, estableciendo relaciones discutibles que poco o nada tienen que ver con las reseñas habituales o con la enumeración de datos biográficos a los que cualquiera puede acceder sin gran esfuerzo. Juan de Mairena sabía que los libros son vida acumulada, por lo que es imposible fijar fronteras entre literatura, realidad y filosofía. Cuando digo que mis ensayos no cuentan nada nuevo no lo hago con falsa modestia. Soy un mediador que tiene muy presente la opinión de Iván Petróvich Voinitski acerca de su cuñado: "...este hombre, durante exactamente veinticinco años, escribe sobre arte sin comprender absolutamente nada de arte…Durante veinticinco años exactamente, mastica las ideas ajenas sobre realismo, naturalismo y toda otra serie de tonterías…Durante veinticinco años lee y escribe sobre lo que para la gente instruida hace tiempo es conocido y para los necios no ofrece ningún interés…". Por si fuera poco, la presencia en las páginas que siguen de algunos autores es mayor de lo que dejan ver las numerosas citas o referencias expresas que hago de sus obras. Sin embargo, pese a todo, suscribo lo que dijo Charles Bukowski acerca de sus versos: he hecho poemas horribles, pero no tan horribles como muchos de los que he visto publicados.
IV Inevitablemente, la palabrita ≪yo≫ aparecerá en estas paginas con mas frecuencia de lo deseable, sobre todo, siempre que no pueda sin mas atribuir también a terceros mi experiencia personal. J. Amery
Una de las partes más autobiográficas de este ensayo lleva el mismo título que el capítulo 28 de El hombre sin atributos, de Robert Musil:: “Un capítulo que se lo puede saltar quien no estime las consideraciones introspectivas”. Este conjunto de textos es también la parte que más veces ha cambiado de nombre. Primero lo llamé Yo lo vi y pronto sabré quien soy, conjunción de un verso de Borges y de una anotación manuscrita por Goya en una estampa en la que representa los sufrimientos de la población en pleno avance de las tropas francesas mientras el clero y los propietarios huyen abrazando una bolsa de dinero. También tuve la tentación de titularlo Confesiones, no por envanecimiento autobiográfico ni porque pretendiera imitar a San Agustín, sino más bien por todo lo contrario. En el primer caso porque mis experiencias carecen de interés. Es verdad que son las de una generación acerca de la que todavía queda casi todo por decir, pero soy incapaz de hablar de ellas de forma impersonal. En el segundo, porque lo que necesito es recuperar la concupiscencia antes de perderla por completo. También porque la intención de Agustín tenía más de adoctrinamiento que de autognosis. Rechazo toda celebración de la Felix Culpa, pero especialmente la que surge del error. Agustín no dominaba la lengua griega, lo que le hizo malinterpretar a San Pablo con el lamentable resultado de condenar injustamente a quienes aún no habían nacido por un olvidado pecado original para luego consolarlos ideológicamente en la esperanza. Como escribe F. Hinkelarnrnert, Agustín usa palabras de Pablo para designar lo contrario de lo que para él significaron. Los Padres de la Iglesia ya se habían referido al pecado original, pero ni ellos ni las Sagradas Escrituras lo presentaron de forma tan alevosa como el severo Doctor de la Gracia. Agustín, quizás para compensar sus propios excesos de juventud, no se conformó con entenderlo como una herencia que recibimos pasivamente de Adán y Eva, sino como la perversa conducta que cada uno de nosotros renueva por culpa de un deseo sexual que ni José Arcadio Buendía ni Úrsula pudieron reprimir pese a temer que su hijo naciese con un rabo de cerdo. Agustín debió sufrir tanto como Cioran pensando que los santos habían surgido de un espermatozoide. Ni a los pintores de la Edad Media ni a Miguel Ángel en los frescos que decoran la Capilla Sixtina se les ocurrió representar a Adán y Eva sin ombligo, cicatriz innecesaria para quienes no habrían nacido de mujer. En general, todas las religiones cargan con temores y culpas irracionales a quienes eran buenos desde antes, sin que a cambio logren hacer bueno a ningún malo.
VEscribir es vivir. José Luis Sampedro
Después de pasar por el Gran teatro del mundo no es difícil que a uno se le ocurra algo acerca de lo que ha vivido o leído en los grandes libros, aunque solo sea por desagravio o para quitarle el terciopelo a los que no lo son. Me pregunto que harán los ágrafos con las penas que junto a ellos durmieron fatigadas de la lucha diaria para ofrecer batalla con mayor furia al despuntar la alborada (Juan Ramón Jiménez).
jueves, 3 de abril de 2025
Bacía, yelmo, halo. Este es el orden, Sancho (León Felipe)
martes, 18 de marzo de 2025
EL ESTAR Y EL HACER (SER) DE ESPAÑA. Introducción
“Rompió a llorar, ¡y de qué manera!... Vertía lágrimas antiguas, lágrimas pertenecientes a otros días y que no habían brotado en tiempo oportuno”. Tormento, Benito Pérez Galdós
El ser de España es un debate intelectual con pretensiones filosóficas acerca de la identidad española que se inició a finales del siglo XIX y que en las últimas décadas parece haber perdido interés. Es posible que las Cartas Marruecas escritas por Cadalso en respuesta a las Cartas Persas, de Monstesquieu sean un precedente de este tema, pero las fotografías de los buques españoles tras la batalla naval de Santiago de Cuba justifican por sí mismas la controversia acerca de dos viejos problemas. Por un lado, España que había sido pionera en la formación del Estado moderno, no logró cohesionarse interiormente. Por otro, la imponente irrupción de España en la historia contrasta con su estrepitoso hundimiento. Lorenzo Hervás (1735-1809) había ofrecido un punto de partida realista cuando escribió que “los niños y niñas pobres dejarán de ir a la escuela porque querrán trabajar para comer, por tanto, para estimularles convendrá darles todos los domingos una limosna a los que asistan a la escuela”.
Mientras la intelectualidad europea a finales del siglo XIX avanzaba hacia el modernismo, el positivismo o a nuevas formas de sociología, la Generación del 98 se volcó en un "patriotismo doliente y una búsqueda de la esencia española, a menudo enfocada en el paisaje de Castilla y la intrahistoria. A comienzos del siglo XX, historiadores vinculados a la Institución Libre de Enseñanza como Rafael Altamira seguían culpando de los males de la nación a la Psicología del pueblo español. Su propuesta de reformar las almas era un eslabón más en la cadena de mitos, arrogancias y remisiones a la divina providencia que hicieron imposible separar la emoción y los intereses privados de la verdad histórica. Cuando no se comprenden los procesos o no se quieren reconocer los motivos que los ponen en marcha no hay nada más fácil que echarle la culpa a la fatalidad, a la ausencia de grandes hombres que alguien trata de suplir o a la inferioridad de los explotados, ya sean pueblos, clases sociales o individuos. Las ideas pueden ser equivocadas porque se vean condicionadas por el nivel de conocimiento de cada época, pero se convierten en ideología cuando dejan de ser ideas especulativas (Hegel) para imponerse a sabiendas de su falsedad. Ningún país está a salvo de esta manipulación, pero sus consecuencias son dramáticas en aquellos que con más fuerza se oponen a los cambios en épocas cruciales. El esencialismo del ser de España es un ejemplo de ello y la principal fuente de inspiración de sus “intelectuales” mediocres. Las incertidumbres propias del cambio de siglo y la tardía aparición del proletariado en España hicieron que algunos escritores reaccionarios se sintieran amenazados y recurriesen a un supuesto anarquismo o escepticismo para disfrazar su desprecio a quienes aportaban la base material que sustentaba sus propios privilegios. Los más anacrónicos se aferraron al casticismo y los más ponderados prefirieron hacer llamamientos a la ecuanimidad y a la calma frente a la urgencia desesperada de quienes veían como sus vidas se desperdiciaban en empleos repugnantes. La falta de implicación de quienes solo ven abstracciones en lo que desespera a los desgraciados les convierte en verdugos, pero, en este asunto tenían fuentes eruditas a las que remitirse: según Montaigne, la entrega a una acción justa puede ser excesiva. Otras veces, este cinismo se trató de presentar como un distanciamiento ocurrente e irónico, pero el golpe de estado de 1936 descorrió todos los velos.
Ilustrados, regeneracionistas, krausistas, filántropos e incluso socialistas utópicos han defendido teorías que, en su mayoría, coincidían en achacar los males de España al deficiente sistema educativo de su pasado y a las escasas posibilidades de mejorarlo que se atisbaban. En el año 1900, el 64% de la población española era analfabeta, por lo que sus tesis estaban tan justificadas como su pesimismo, pero el análisis “eminentemente católico” (Juan Valera) del que surgen se queda en la superficie e ignora las raíces políticas y económicas del problema. Tampoco el cambio de siglo acabó con quienes lo atribuían todo a los sanos o a los malos instintos a fin de ahondar en el abismo, unas veces por masoquismo y otras por delirios nacionalistas centrales o periféricos. A unos les pueden servir los recuerdos de las heroicas gestas de un pasado cuyo relato desquiciado por autores como Julián Juderías hacía las delicias de Ramiro de Maeztu y de José María de Areilza, ministro franquista que trató de relacionar las críticas a la dictadura de Franco con la Leyenda Negra española. A la leyenda blanca (Unamuno) que idealizaba todo el pasado católico e imperial se sumaba ahora la glorificación del doblemente traidor Franco,la mayor vergüenza de España (Bergamín). Otros pueden recurrir a Lucas Mallada, supuesto fundador de la paleontología española que atribuía los “males de la patria" a una condena de la Providencia y a una supuesta inferioridad física e intelectual del español, es decir, a lo mismo que, según la ideología de los anteriormente citados, nos hace superiores al resto. Pero ante tanta contradicción ontológica e incluso metafísica como la de Ganivet, ("España es un país metafísicamente imposible") prefiero no ser nadie "un hombre con un grito de estopa en la garganta...un profeta irrisible que no acierta jamás" (León Felipe).
miércoles, 4 de diciembre de 2024
miércoles, 21 de agosto de 2024
Las leyes de la ideología. Introducción
Bacía, Yelmo, Halo. Este es el orden, Sancho
León Felipe
“Nadie entre aquí que no sea dialéctico”
La ley es el signo que "identifica los falsos amigos del pueblo. Hegel
Con la citada paráfrasis que hace León Felipe de las enseñanzas de Don Quijote ya estaría todo dicho, pero como escribió Wittgenstein, “La dificultad aquí es: detenerse” (Zettel). El presente ensayo trata de esa mezcla variable de filosofía, economía, política y derecho que podemos llamar “Filosofía jurídico política”. Su objeto consiste en analizar críticamente el origen y los fundamentos del derecho mediante un conjunto de reflexiones situado entre lo abstracto y lo empírico que se rebela contra el idealismo que “naturalmente, no conoce la actividad real” (Marx). Se trata de mostrar la contradicción de la ideología de la no ideología que proclama la neutralidad del Estado de Derecho en una sociedad de clases, mientras que considera ideológico afirmar que sin injusticia económica contra los poderosos y sin limitación de su libertad no cabe hablar de democracia. No pretendo confundir los ámbitos de validez, eficacia y justificación de la norma jurídica que Norberto Bobbio identifica como propios de la Ciencia Jurídica, la Sociología del Derecho y la Filosofía Jurídica respectivamente. Tampoco negar la necesidad del derecho y sus conceptos generales, sino cuestionar las argucias jurídicas que tratan de naturalizar las jerarquías sociales mediante la atribución al derecho de una falsa autonomía respecto a las relaciones socioeconómicas que las han engendrado.
La ley es un texto codificado de las relaciones sociales en cada momento histórico. En ella se encierran muchos misterios que debemos aclarar porque ni el derecho ni la justicia aparecen ex novo en sede parlamentaria ni en la mente del jurista, sino que se construyen en un contexto de fuerzas sociales en conflicto. Resolver el enigma requiere un conocimiento interdisciplinar sin el que no es posible responder a las tradicionales preguntas acerca de la tensión y el orden que la ley impone en el conjunto de la vida social ni a los actuales desafíos que plantean la bioética, la vigilancia digital o la inteligencia artificial. Harold J. Berman escribe que el derecho no solo es la primacía de la actividad jurídica sobre las reglas jurídicas como había dicho Lon Fuller, pero la significación social del proceso vivo del derecho va incluso más allá de esas “otras formas de gobierno (votar, nombrar funcionarios...) o de la “actividad encaminada a lograr y cumplir acuerdos voluntarios” a las que se refiere Berman. Este es el motivo por el que he sustituido el habitual título de "introducción" por la divisa que George Gurvitch quería leer en el frontispicio de la futura Casa de las Ciencias del Hombre, trasunto crítico de aquel otro que lucía en el pétreo dintel de la Academia de Platón para impedir el paso a los diletantes y no iniciados: "Nadie entre aquí que no sepa Geometría".
El derecho no se comprende desde sí mismo. Uno de los aspectos más problemáticos del derecho es lo que algunos suelen considerar como su gran virtud: su atención a los hechos como si detrás de ellos no hubiese nada. Sin embargo, por un lado, el núcleo esencial del Derecho privado no existiría sin el capitalismo. Por otro, el derecho en su conjunto ha desarrollado una estructura abstracta que al independizarse en el cielo de la imaginación se carga de ideología, entendida esta como sistema de representaciones que resulta de las relaciones de poder social. Según Mark. P. Leone sin la función que desempeña la ideología en la formación social de los individuos y en la producción de significados compartidos sería imposible comprender el mantenimiento de la explotación y la desigualdad sin violencia. Del mismo modo, sin la filosofía jurídica y el ordenamiento positivo que dan soporte a la ideología que identifica poder, verdad y justicia seria muy difícil legitimar la jerarquía social. Al principio fue la fuerza física la que obligó al esclavo; después, códigos de leyes como el de Hammurabi. Sin adentrarse en la trama social del derecho es imposible comprender su función, por lo que cuanto más reacio se muestre este a la crítica más evidenciará su contenido ideológico, ya se trate de la pretendida avaloratividad iuspositivista o del iusnaturalismo revelado. Como se verá más adelante, una de las primeras funciones ideológicas del derecho consiste en crear la ilusión de que las categorías jurídicas preceden a las relaciones sociales reales cuando, en realidad, lo que hace el derecho es darles forma legal. Para muchos, esta afirmación es ideológica o ha quedado desfasada ante la generalización del sufragio universal, pero lo cierto es que nunca había sido tan cierta como ahora, en la medida en que la democracia debe delegar en la ideología el trabajo que la violencia llevaba a cabo en los regímenes totalitarios. La tradicional consideración de la ideología como falsa conciencia se ha complicado, pero no porque la ideología haya desaparecido, sino porque, como se verá en la última parte de este ensayo, ya no es posible distinguir entre engaño y autoengaño.
Según Luigi Ferrajoli , el paso del hecho al derecho solo es posible invirtiendo la tradicional prevalencia de la política sobre el derecho a fin de que este imponga “la ley del más débil frente a la ley del más fuerte propia del estado de naturaleza. Pero el debate acerca de si el Derecho que inició su andadura con las leyes dictadas por Solón de Atenas ha obstaculizado la democracia, si ha servido para proteger a los desfavorecidos frente a los depredadores sociales o si posibilita (republicanismo clásico) o limita (Hobbes) la libertad y la igualdad sigue abierto. Lo mismo cabe decir de las leyes sociales que evitaron la pauperización de la clase trabajadora a finales del siglo XIX. El presente ensayo comparte la teoría de Horkheimer y Adorno, coautores de Dialéctica de la Ilustración para quienes cuando el dominio se objetivó en leyes también tuvo que limitarse. “Así, en el dominio se afirma el momento de la racionalidad como distinto de él”. Las conclusiones a las que trato de llegar se pueden resumir de la siguiente manera: la democracia surge del logos; ninguna teoría jurídico-política se puede llevar a la práctica sin las condiciones reales que la hagan posible (económicas, políticas, culturales…); el Estado de Derecho no garantiza la democracia; toda la fuerza del Derecho no es contraria al Derecho de la fuerza y, por último que, de momento no se atisba ningún modelo de sociedad en el que la libertad y la igualdad reales sean posibles sin leyes.
domingo, 30 de junio de 2024
Arte, cultura y poder. Introducción
En el presente ensayo me propongo hacer algo que hoy en día está muy mal visto: mezclar (no confundir) el arte y la cultura con la política. Estas dos irrenunciables actividades humanas se convirtieron en prioritarias con el paso del mito al logos, es decir, cuando en la antigua Grecia la humanidad se tomó la molestia de organizar la vida en común mediante la argumentación racional y no a través de los tradicionales relatos asumidos sin crítica. Dos de los primeros inventos de la inteligencia fueron la política y la tragedia griega en donde se discutía acerca del sentido de la justicia; sin embargo, en la actualidad insistimos en la extravagante ideología de hacer de los temas políticos un asunto privado y del arte una cuestión de gusto. La paradójica consecuencia de este proceso es la conversión de la cultura en el más “noble sustituto de la política”, al menos así es como piensa Wolf Lepenies, sociólogo prusiano al que sorprendió descubrir que esta teoría suya que él creía exclusiva de Alemania había sido utilizada por Hans Magnus Enzensberg, no para referirse a ese país de “poetas y pensadores” idealistas, sino a España.
Teatrocracia
La ideología está siempre presente en el arte y en los textos, ya sea criticando el orden social o dándolo por sentado. Para Jacop Burckhardt, el Estado era una obra de arte y el lujoso atuendo con el que se exhibían los déspotas “no intentaba tanto satisfacer su propia vanidad personal como impresionar la fantasía popular”. George Balandier recuerda la relación que Maquiavelo encontró entre el arte del gobierno y el arte de la escena. Para él, la teatrocracia está detrás de cada regulación social establecida por el poder y consentida como propia por parte de los gobernados. Una mirada estrictamente formal de la Anunciación con San Emigdio, de Carlo Crivelli (1486) que prescindiese de la propaganda política de la autonomía de la ciudad de Ascoli Piceno, del fervor religioso y de la jerarquía social sería tan falsa como disfrutar de una escena de caza sin trompas y sirvientes: es decir, sin esas cosas que un ciego y temerario impulso habían hecho creer a Descartes que existían fuera de él.
El Renacimiento humanizó la cultura, pero a través de la pluma de quienes escribían en latín para que no les entendiese el vulgo o mediante las conmovidas expresiones de los piadosos y emprendedores burgueses que, al igual que los escribas de los que nos previene el Evangelio (Marcos. 12,38-44), gastaban su dinero en enriquecer sus capillas, en ornamentar las calles o en practicar la limosna para mejorar su influencia dentro de la iglesia, escalar políticamente o justificar ante la sociedad sus actividades lucrativas contrarias a los preceptos cristianos que prohibían la usura. El confinamiento de lo sensible al mundo interior y el afán de ciertos “benefactores sociales” por esculpir su escudo de armas junto a los ideales humanistas ha hecho que el arte solo arroje sobre los dominados una mirada de piedra.
Del cuerpo al suprematismo
Para Aristóteles, el solitario era una bestia o un dios y durante el feudalismo, quien andaba solo era un loco; el ser humano era un nudo en una red (familia, gremio, estamento, cosmos). Con la modernidad, se cortan los hilos y aparece la unidad aislada. El individuo aparece en la historia moderna como unidad contable y como sustancia que piensa en detrimento de quienes trabajan manualmente. Para Descartes, el individuo es el espíritu que gobierna la máquina del cuerpo cuya misión consiste en imponerse socialmente y dominar la naturaleza. Este proceso de descarnalizacón no ha dejado de avanzar. Primero con la mónada aislada que forma parte del orden que dios ha elegido:: algo puramente metafísico y sin extensión (sin cuerpo). Más elaboradamente con Kant: el ser humano tiene más de forma que de sustancia. En ambos casos, el ser humano es tan abstracto como el valor de cambio. Cuando se antepone la esencia humana solo es para imponer el alma frente al cuerpo. En el arte, esto se traduce en el paso del retrato carnal al cubismo y al suprematismo: Estructura del pensamiento o forma pura.
lunes, 4 de marzo de 2024
Ensayos sobre música. Introducción
lunes, 26 de junio de 2023
Fragmentos. Prólogo al lector
La cultura en sentido amplio lo abarca todo: poesía, armas químicas, cárceles, comidas de empresa o platillos volantes; pero aquí me conformaré con escribir sobre algunas de sus manifestaciones culturales e intelectuales. Ambas, juntas o por separado, han servido a las sociedades para poner orden y belleza en el caos que supone la vida en común, pero también para forjar una imagen sólida y bella del poder que implique o aplaste a quienes deben someterse a su magnificencia y prosperidad. La cultura y el pensamiento no solo son lo que aparentan, sino también la violencia con la que se han ido tallando a lo largo de la historia.
El ensayo es un género literario que no quiere ser como aquel retratista que, según Concepción Arenal solo sabía hacer perfiles. Al ensayo le sientan mejor las barricadas que las alambradas porque prefiere vivir abierto a la crítica entre la producción artística y la intelectual. El ensayo es argumentador, polemista y su materia es la reflexión personal, pero nunca la arbitrariedad, de ahí que se rebele contra el dominio de lo huero que nos hace tomar por extravagantes a quienes rechazan lo insustancial. En los textos siguientes abundan las referencias transversales porque, en mi opinión, tres de los problemas de la difusión cultural actual son su falta de causalidad, la reiteración de lo ya conocido y la incomunicabilidad entre las distintas “disciplinas”, no digamos ya entre estas y los puños crispados de la vida cotidiana en “donde ninguna mirada del Cielo penetra” (Las flores del mal, Baudelaire).










