viernes, 17 de abril de 2026

Tetuán, algo que quizá desconozcan quienes hoy admiran el franquismo


Los pilares de la sociedad, George Grosz

I La presencia de España en territorio magrebí se remonta a la consolidación del Estado tras la Reconquista. La toma de Melilla (1497) y la incorporación de Ceuta (1640) iniciaron una presencia de carácter defensivo mediante puntos que funcionaron como presidios y bastiones de vigilancia, sin pretensión de expansión territorial hacia el interior durante este periodo. Sin embargo, la Guerra de África (1859-1860) supuso el inicio de una estrategia de expansión colonial. Bajo la dirección del general O'Donnell, la contienda se desencadenó formalmente por disputas fronterizas en el campo exterior de Ceuta. El Tratado de Wad-Ras (1860) institucionalizó las consecuencias de la derrota marroquí: nuevos límites jurisdiccionales para Ceuta y Melilla; imposición de una indemnización que subordinó la economía marroquí a los intereses financieros europeos y el reconocimiento del derecho español sobre Sidi Ifni. 

 Durante el siglo XIX, Marruecos no era un espacio anárquico, sino un Estado teocrático y soberano reconocido internacionalmente. No obstante, su estructura política presentaba una dualidad administrativa que condicionó su vulnerabilidad. Por un lado, el aparato burocrático-militar centralizado representaba el orden institucional que ejercía el control efectivo sobre las áreas urbanas y las llanuras costeras. Por otro, territorios, principalmente montañosos (Rif y Atlas) donde la autoridad del Sultán era reconocida en el ámbito espiritual, pero disputada o inexistente en lo administrativo y fiscal. La incapacidad del Estado marroquí para modernizar sus estructuras y hacer frente a la deuda externa contraída tras los conflictos con España y Francia condujo a la pérdida de su autonomía. La Conferencia de Algeciras (1906) internacionalizó la "cuestión marroquí", estableciendo un régimen de tutela bajo el pretexto de garantizar el orden y las reformas económicas. El Tratado de Fez (1912) supuso la capitulación definitiva de la soberanía marroquí, dividiendo el territorio en dos zonas de influencia: un protectorado francés predominante y un protectorado español en el norte y sur, cuya función principal para las potencias era actuar como zona de amortiguamiento estratégica. Tras la Segunda Revolución Industrial, las economías europeas sufrieron una crisis de superproducción y una caída de rentabilidad. África se convirtió en la solución a tres de los problemas de las economías europeas durante la Segunda Revolución Industrial: materias primas; nuevos mercados y exportación de capitales. A ello se unieron circunstancias geopolíticas. El ascenso de Alemania tras su unificación en 1871 alteró el mapa europeo y Francia buscaba recuperar el prestigio perdido tras la guerra franco-prusiana. Para legitimar la explotación, las potencias recurrieron a construcciones ideológicas como el darwinismo social: Europa tenía el deber moral de llevar el progreso, el cristianismo y el comercio a pueblos considerados bárbaros.  

II Después de la crisis de 1898 casi nadie en España era partidario de que el maltrecho ejército español emprendiera nuevas aventuras militares, pero todo partir de 1906 (Conferencia de Algeciras). La debilidad de España no suponía ninguna amenaza para Francia e Inglaterra, por lo que ambas potencias coloniales acordaron la presencia del ejército y de empresas mineras españolas en la zona del Rif. De este modo, por un lado, se evitaba el avance de Alemania en el continente africano. Por otro, Inglaterra alejaba la amenaza que suponía para Gibraltar la expansión que estaba llevando a cabo Francia en el norte de África con la excusa de proteger Argelia de las tribus marroquíes no controladas por el estado marroquí. El reclutamiento masivo de jóvenes sin experiencia militar y la accidentada orografía del Rif apuntaban a un nuevo desastre del obsoleto e incompetente sistema político-militar español, en esta ocasión ante numerosas cábilas frente a las que los manuales de la guerra convencional eran inútiles. La presencia militar española en Marruecos había sido promovida por políticos como Sagasta, Romanones, Maura y Canalejas a fin de garantizar la seguridad de las ciudades de Ceuta y Melilla. En 1906, la misión también fue recibida con entusiasmo por parte de Alfonso XIII y los jefes militares que vieron en ella una oportunidad para recuperar su prestigio; sin embargo, el llamado Desastre de Annual volvió a evidenciar sus carencias.

El Golpe de estado llevado a cabo por el general Primo de Rivera en 1923 con el consentimiento de Alfonso XII y la definitiva rendición de Abd el-Krim en 1926 elevaron la moral del ejército y le predispuso a recuperar su tradicional intromisión en asuntos políticos. El golpe fue una versión casera de la Marcha sobre Roma encabezada por Mussolini a la que el rey italiano Víctor Manuel III había dado cobertura legal. El primero en intentar emular al dictador italiano fue Francisco Aguilera, general al que sus compañeros apodaron “Mulolini”. Primo de Rivera aprendió de la falta de tacto de Aguilera y se apoyó en dos estructuras. Por un lado, organizó los elementos no carlistas contrarios a la democracia en torno a la Unión Patriótica, partido “apolítico” que acababa de fundar junto a José María Pemán y Ángel Herrera Oria para convertirla en partido único. Por otro, extendió el somatén a toda España para equipararlo a los camisas negras italianos. Así era como se trataba de regenerar el país solucionando los viejos problemas económicos y políticos mediante recetas desfasadas que ni aportaban nada nuevo ni abordaban la tradicional falta de justicia social.

III La estructura administrativa del Protectorado español en Marruecos, con capital en Tetuán, se configuró en la práctica como un virreinato autónomo respecto al poder central de Madrid. Tras el golpe militar de 1936, el Protectorado se convirtió en cuartel general y laboratorio político del bando sublevado: un centro de poder donde la corrupción no era un fallo del sistema, sino un elemento estructural para el mantenimiento de la jerarquía social y política. Los militares africanistas, liderados inicialmente por figuras como Yagüe y el propio Franco tras su llegada de Canarias, eliminaron cualquier contrapoder e impusieron la arbitrariedad. La represión contra los leales a la República fue inmediata y sistemática. Por un lado, la destitución y posterior ejecución en Tetuán del Alto Comisario Arturo Álvarez-Buylla puso fin al control civil sobre el Protectorado. Por otro, el General Manuel Romerales Quintero,  Jefe de la Circunscripción Oriental, con sede en Melilla fue arrestado en su despacho el 17 de julio por sus subordinados y posteriormente fusilado.  Ambos hechos permitieron a los africanistas tomar el control de la caja de caudales y los recursos de Melilla sin supervisión de las legítimas autoridades civiles y militares. Los contactos con potencias extranjeras y empresarios afines normalizaron los desvíos de fondos y recursos si ningún tipo de auditoría y la figura del Alto Comisario asumió prerrogativas que trascendían sus competencias oficiales hasta su mutación en Caudillo. 

El poder del Protectorado se apoyaba en el sector de los militares africanistas, un grupo de presión con una mentalidad corporativa forjada en el combate constante para el que las normas civiles o éticas carecían de valor. El ambiente corrompido de misticismo militar, nacionalcatolicismo y desprecio por el parlamentarismo que se gestó en las calles de Tetuán fue el que se acabó imponiendo en España a medida que avanzaba el levantamiento. Mientras España atravesaba una situación económica complicada tras la Primera Guerra Mundial, Tetuán se percibía como una tierra virgen llena de posibilidades. La llegada de militares y funcionarios creó una demanda masiva de panaderías, talleres, tiendas de ropa y locales de ocio. Muchos españoles de clase media-baja de Andalucía y el Levante vieron en Tetuán la oportunidad de abrir negocios que en España eran inviables por la competencia o la falta de capital. El crecimiento del barrio moderno español generó muchos puestos de trabajo para albañiles, arquitectos y carpinteros. A principios de la década, la zona era inestable debido a la Guerra del Rif, pero tras el Desembarco de Alhucemas en 1925 y el fin del conflicto en 1927, la seguridad aumentó drásticamente. Esto animó a muchas familias que antes temían ir a una zona de guerra a cruzar el Estrecho en busca de una vida estable. Como capital del Protectorado, Tetuán albergaba la Alta Comisaría de España. Esto atrajo a miles de funcionarios, maestros, médicos y policías acompañados de sus familias y, a su vez, una corte de sirvientes y empleados, casi todos de origen español. En provincias como Málaga o Almería, la vida en el campo era extremadamente dura y estaba marcada por el caciquismo. Marruecos ofrecía sueldos más altos y una sensación de ascenso social: en Tetuán, un obrero español a menudo era visto con un estatus superior al de la población local, lo cual era un incentivo psicológico. A diferencia de lo que ocurrió en la Argelia francesa, donde hubo una guerra de independencia traumática y una ruptura total, el fin del Protectorado español en 1956 fue un proceso marcado por la diplomacia y el pragmatismo de las élites. A diferencia del éxodo masivo de los pieds-noirs en Argelia, muchos españoles se quedaron en Tetuán y otras ciudades durante años después de la independencia. Las élites de ambos países pactaron la protección de ciertas inversiones españolas, especialmente en minería y agricultura, a cambio de asistencia técnica y reconocimiento diplomático, estrategia a la que no fue ajena un entramado de redes de estraperlo y clientelismo que operaban como auténticas mafias que no solo luchaban contra la ley, sino entre ellas. En su interior había facciones que controlaban el flujo de bienes básicos (azúcar, aceite, café) y otras que se especializaban en productos de lujo o piezas industriales que escaseaban en la península. Muchos exmilitares o civiles vinculados al ejército que decidieron no regresar a España en 1956 se reciclaron en negocios de dudosa legalidad. Pero el gran pastel económico eran las minas, entre ellas las de la Compañía Española de Minas del Rif. Tras la independencia, el control de las concesiones mineras y el transporte de mineral generó choques entre las élites extractivas españolas (que querían mantener sus derechos) y nuevos grupos de poder marroquíes que buscaban nacionalizar o desviar esos beneficios. Aprovechando su conocimiento del terreno y sus contactos en ambos lados de la frontera, crearon redes de tráfico de divisas y contrabando. Este orden mafioso y sus acuerdos bajo cuerda entre élites corruptas de ambos bandos fue, irónicamente, lo que mantuvo una paz social superficial. Mientras los beneficios se repartieran entre los que tenían las armas o el dinero (fueran españoles o marroquíes), se evitaba el conflicto abierto en las calles.

IV La élite social compuesta por altos funcionarios, militares, clero y empresarios establecieran un marco de actuación al margen del Derecho y la moral que ellos mismos imponían en España en nombre del nacionalcatolicismo. La corrupción se generalizó mediante la gestión patrimonialista de los recursos públicos, en especial debido a la desviación de partidas presupuestarias destinadas a logística militar y obras públicas hacia redes de clientelismo económico, lo que permitió el rápido enriquecimiento ilícito de la oficialidad y la burguesía colonial. La distancia geográfica y la soberanía difusa del Protectorado favorecieron un entorno de vicio y degradación. Las élites eludían las restricciones morales y legales de la península, normalizando actividades como el juego clandestino, el tráfico de influencias y otras prácticas sociales que en España habrían sido objeto de sanción penal o social. La independencia de Marruecos en 1956 no supuso un desmantelamiento de las redes de poder e intereses forjadas durante el Protectorado, sino que estas mutaron para adaptarse al nuevo escenario poscolonial. El carácter de "virreinato" del Protectorado se transformó en una red de influencias transnacionales que operó de facto durante décadas. Altos mandos y empresarios que habían lucrado con el estraperlo y las concesiones mineras mantuvieron vínculos con la nueva administración marroquí y con empresas pantalla en España. Una de sus prácticas más repugnantes fue el robo de neonatos y menores, en la mayoría de los casos organizadas. Las víctimas fueron tanto los funcionarios leales a la República que habían sido ejecutados o encarcelados como los pobres de solemnidad cuya precariedad económica aumentaba su vulnerabilidad. Los recién nacidos eran entregados a familias de la oligarquía colonial, oficiales afectos al régimen o familias de la península con conexiones en el Protectorado que no podían tener descendencia. Esta práctica no era un hecho aislado, sino un actividad que se llevaba a cabo a través de redes institucionales controladas por miembros del clero y personal sanitario cuyos nombres estuvo en la mente de todos hasta su muerte, pero cuya responsabilidad no pudieron demostrar documentalmente. Actuaban bajo el amparo de una autoridad, cuya arbitrariedad permitía falsificar certificados de defunción o partidas de nacimiento con total impunidad. A día de hoy somos muchos los descendientes de aquellas víctimas que recordamos sus relatos e incluso algunos han logrado recopilar información. Pero los archivos estaban bajo control militar absoluto y tanto los registros como los juzgados, bajo el mando directo de los mismos que perpetraban los abusos. Las instituciones religiosas y el personal sanitario que habían operado bajo el régimen de impunidad del Protectorado continuaron en sus puestos o mantuvieron sus conexiones tras la independencia (1956). La facilidad para alterar registros de nacimiento en las clínicas de las plazas de soberanía y en las zonas de influencia del antiguo Protectorado permitió que el tráfico de niños hacia la península siguiera activo durante el franquismo tardío e incluso bien entrada la democracia, utilizando las rutas de influencia establecidas durante la etapa colonial. La independencia de 1956 fue una ruptura formal, pero no estructural. Las redes de vicio, corrupción y tráfico de menores sobrevivieron gracias a una simbiosis de intereses entre las antiguas élites coloniales y sectores de la nueva administración, consolidando una zona de sombra legal y moral que se extendió mucho más allá del final del Protectorado. Aquel virreinato de impunidad dejó una herencia de prácticas mafiosas que se integraron silenciosamente en el posterior Estado español. En las últimas décadas, decenas de personas nacidas en el norte de Marruecos en los años 50 y 60 han descubierto, mediante pruebas de ADN, que no tienen relación biológica con sus padres legales españoles. Al cruzar los datos, muchos de estos casos coinciden en el tiempo y el espacio con la actividad de una red controlada por dos conocidos personajes, de cuya crueldad puedo dar constancia.  

 





miércoles, 15 de abril de 2026

LA TRAGEDIA GRIEGA. Pasado y presente. Introducción


 Prometeo encadenado, de Esquilo, no es la tragedia más antigua, pero se refiere al acto fundacional de la cultura occidental. En ella, el paso de la animalidad a la humanidad no ocurre por evolución biológica, sino por un doble acto de transgresión: la rebeldía política de Prometeo y la lealtad emocional de las Oceánides (el Coro). Ellas, a pesar de ser figuras femeninas tradicionalmente asociadas a la prudencia, desafían al poder y, al tomar partido por el que sufre, introducen la philia (amor, amistad y solidaridad) como fundamento esencial de la vida en común.

 Prometeo ha ayudado de forma consciente a los humanos por compasión y para crear un contrapeso al poder absoluto del Olimpo, por lo que espera el dolor, lo desafía y lo enfrenta con dignidad revolucionaria. La mortal Ío también padece el castigo de Zeus, pero no por sus actos, sino por capricho divino. Ío sufre una alienación total: solo puede emitir mugidos, pierde su forma humana y huye del dolor empujada por el tábano. Hefesto ha sido el verdugo de Prometeo. Lamenta su dolor, pero ejecuta la orden de encadenarlo. Los personajes Poder Fuerza también están al servicio de Zeus. Uno, ni tiene empatía ni cuestiona las órdenes. El otro no habla porque no necesita argumentos.  Océano es el oportunista que se presenta como supuesto mediador que aconseja a Prometeo no rebelarse y pedir perdón. Su política es la del apaciguamiento, que solo sirve al tirano. Hermes es "el lacayo de los dioses": el funcionario perfecto del régimen que se muestra arrogante con los de abajo y servil con los de arriba. El poder no solo se sirve de todos estos personajes para castigar a quienes no se doblegan, sino también para obligarlos a reconocer que estaban en un error. Por contra, el Coro valida la causa de Prometeo, al quedarse a su lado mientras la tierra se abre y el cielo se desploma. A lo largo de la obra, el Coro actúa de la manera tradicional: pide cautela a Prometeo y acata el poder. Pero cuando llega la hora de elegir, "Entre truenos y relámpagos desaparecen Prometeo y el Coro". ECoro Prometeo entienden que aceptar el consejo de Océano es una traición ética, que ceder ante Hermes es una derrota política y que someterse a Fuerza es una muerte espiritual. 

martes, 14 de abril de 2026

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE NOVIEMBRE. Introducción

 


La libertad y la democracia española de 1978 abrieron muchas puertas, pero en la década de los ochenta volvieron a quedar cerradas para la enésima generación “perdida”: jóvenes que se habían marchitado en los programas televisivos del tardofranquismo y que ahora se debían conformar con una “movida” falsamente transgresora sin más base económica ni cultural que la de quienes se forraron a costa de las privatizaciones y los saraos nocturnos a cuya salida esperaba el pasado. La Generación de los ochenta española se sigue viendo como una panda de hedonistas superficiales que solo querían beber y drogarse. Pero ese hedonismo no era falta de compromiso, sino consecuencia de una realidad económica y política que les dejó sin las oportunidades anunciadas. La estética de neón y los sintetizadores ocultan una realidad de orfandad institucional. El “No Future”, popularizado en Europa a mediados de los años setenta llegó a España con cierto retraso y también con particularidades. A diferencia del punk británico, que era perseguido por el sistema, la Movida fue financiada y promocionada por los primeros ayuntamientos democráticos y el gobierno del PSOE. El lema del alcalde Tierno Galván, "¡Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque!", es el ejemplo perfecto de un poder que decía: "Divertíos y no hagáis política". Tras el desencanto de la Transición, los sindicatos y los movimientos vecinales perdieron fuerza. El poder vio en la "modernidad" una forma de canalizar la energía juvenil hacia el consumo, el arte y el ocio, alejándola de las huelgas y la militancia radical. España necesitaba proyectar al exterior que ya no era un país gris y dictatorial. La Movida fue la "marca España" perfecta: joven, colorida y liberal, ocultando bajo el neón la reconversión industrial y el paro estructural que estaba destruyendo los barrios obreros. Mientras en las canciones se hablaba de botes de Colón o de chicas de ayer, en los barrios periféricos la heroína hacía estragos. El sistema permitía (o ignoraba) el consumo descontrolado porque un joven "enganchado" o centrado solo en la fiesta era un joven que no cuestionaba el orden económico.mientras Arthur Seaton en la novela de Sillitoe se rebelaba contra el sistema mediante el ocio, en España el sistema abrazó el ocio para que la juventud no se rebelara contra él.

 El relato oficial vendía la Transición como una fiesta de libertad y se desentendieron del resto. Se subvencionaron conciertos y revistas modernas, pero se descuidó la responsabilidad sobre los alumnos y se rompía el tejido industrial que les debía dar empleo. Cuando la realidad del paro y la precariedad les golpeó, muchos sintieron que habían fracasado personalmente, cuando lo que había fracasado era un sistema económico y político que no los tuvo en cuenta. Se fomentó el individualismo para culpar a los que iban cayendo en el averno por no haber sido lo suficientemente espabilados o responsables. Culpabilizar a la víctima descargando el peso en la familia libera a la sociedad. Fueron los conejillos de indias de una libertad para la que nadie les dio recursos. Fue una generación que creció en un limbo histórico: demasiado jóvenes para la lucha antifranquista, pero lo suficientemente adultos para recibir el impacto brutal de un cambio social violento y acelerado. La droga fue una epidemia que diezmó barrios enteros y justo cuando la libertad sexual empezaba a ser una realidad tras décadas de represión, apareció el "cáncer rosa". Para los jóvenes de los 80, el sexo y la muerte se entrelazaron de una forma traumática. En España se hacían ajustes duros para entrar en la Unión Europea y el paro juvenil alcanzó cifras astronómicas: en Andalucía, entre los menores de 20 años, llegó a superar el 50%. Muchos jóvenes se encontraron con que en el futuro brillante que prometía la democracia no había sitio para ellos. Se pasó de los neones de 1982 al rigorismo económico de los 90, dejando a los supervivientes de los 80 como caricaturas de un pasado que el país quería olvidar pronto para ser serio.

 Hoy en día se suele mirar la estética de los 80 con una condescendencia burlona. Esa risa es una forma de negar el trauma. Es más fácil reírse de las hombreras y los pelos cardados que reconocer que debajo de ese maquillaje había una juventud que estaba siendo diezmada mientras el país celebraba su entrada en la modernidad. Como la generación de l868-7, la de los ochenta es también “aquella España que pasó y no ha sido”, pero de cuya pérdida todos se desentienden porque, al parecer, no tenía motivos para fracasar: vivieron la democracia en la imaginación. Todas las víctimas merecen reconocimiento, no solo algunas. Es muy fácil y políticamente rentable señalar las faltas del adversario o exigir reparación para víctimas que encajan en un relato ideológico concreto, pero es mucho más difícil reconocer a aquellas víctimas que ponen en evidencia la propia negligencia o errores de cálculo. Incluso dentro de los movimientos culturales de la época hay quienes, tras sobrevivir y prosperar, perpetúan el mito


 

martes, 24 de marzo de 2026

Ideología. Definiciones incompletas

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 La ideología es un sistema de representaciones, imágenes y conceptos que estructura la vida social. Una de sus funciones consiste en ocultar las contradicciones y la explotación del sistema, haciéndolas parecer normales o inevitables. La tecnología es hoy la cobertura perfecta porque se presenta como "neutralidad técnica", pero al mismo tiempo es la fuente porque genera nuevas formas de subjetividad ( el yo como mercancía) y control que antes no existían. El sistema ya no necesita fieles, sino usuarios. Creer que la tecnología es neutral es, en sí mismo, una postura ideológica en la medida en que el algoritmo está programado bajo los valores de quien lo crea y mantiene. Cuando el sistema se vuelve tan dominante que deja de ser cuestionado pasa a llamarse realidad e ideología a todo proyecto que proponga cambiarlo. El presente ensayo es ideológico.

sábado, 24 de enero de 2026

Theodor Adorno contra un mundo que exige gratitud por nuestra propia alienación. Introducción.

 



 

La genialidad de la actual positividad tóxica reside en su capacidad para transmutar la opresión en un objeto de gratitud. No solo habitamos una vida falsa, sino que se nos educa para celebrar las condiciones de nuestra propia servidumbre. Al presentarse como el proveedor exclusivo de bienestar, ocio y sentido, el capitalismo tardío exige una lealtad emocional que anula la protesta. Esta gratitud por la alienación crea un círculo vicioso: el sujeto agradece el consuelo que el mismo sistema le vende para aliviar el dolor que el propio sistema le provoca. Así, la resistencia se vuelve casi imposible, pues cuestionar la totalidad se interpreta como un acto de ingratitud hacia el 'progreso' que nos alimenta. En este escenario, la verdadera moralidad no consiste en ser agradecidos, sino en recuperar la capacidad de decir 'no' a una armonía que se construye sobre la negación del sujeto." La vigencia de la Dialéctica Negativa propuesta por Adorno reside precisamente en su negativa a cerrar la herida. 


viernes, 4 de abril de 2025

Le herida. Diálogos con los libros. Introducción



Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío, 
como un amo implacable
 me obliga a trabajar de día, de noche, 
con dolor, con amor

Juan Gelman

   

I De mi propia cosecha he aprendido muy poco, pero con la profunda atención de quien oye llover (José Bergamín) he leído a otros más talentosos. Las conversaciones que a solas he mantenido con sus obras son el tema del presente ensayo o conjunto de pretextos. Los libros que más me han ocupado a lo largo de mi vida han sido aquellos que ofrecían una interpretación del mundo o un proyecto para cambiarlo, pero ni en los más fecundos de estos diálogos he llegado a descubrir el sentido de la vida, lo que me hace pensar que solo hemos nacido para morir. Pese a ello, sin el perfume que los libros dejaron en mi vida no habría tenido fuerzas para volver a empujar la barca cada mañana. Lo mismo puedo decir del tipo de música que aspira a algo más que romper el silencio, ya se trate de la perturbadora ópera Lulú, de Alban Berg o de las misteriosamente apacibles composiciones para viola de gamba y teclado escritas por Couperin, notas sutiles e inmensas que contrastan tanto con la pompa y las fanfarrias versallescas como con el actual adocenamiento.

Sísifo, 1549. Tiziano

 Los personajes literarios más realistas no son aventureros, héroes ni villanos, sino mujeres y hombres complejos, cuyas pasiones y contradicciones tienen lugar en la vida cotidiana ante la indiferencia social. Como los protagonistas de los cuentos de Chéjov, se trata de personas insatisfechas que no logran expresar la causa de su frustración, de ahí la importancia de los silencios que favorecen la reflexión y hacen dudar acerca de la propia calificación de la obra como tragedia o comedia. Hay escritores que hacen que sus personajes tomen decisiones con las que no siempre estará de acuerdo el lector, pero ninguno tan nocivo como el que le hace creer que existen seres ideales y que nada puede cambiar. Cuando apenas si queda tiempo para curarnos de su positividad tóxica creemos haber alcanzado la sabiduría del desengaño, para luego afirmar que esta no es más que la gran decepción que vienen sufriendo todos los ilusos a lo largo de la historia, de la misma manera que el barroco confunde el vivir y el soñar, para afirmar ideológicamente que la vida auténtica es posterior a la muerte. Sin embargo, Lukács demuestra que la desilusionada novela burguesa no hace otra cosa que dar testimonio contra sí misma en la medida en que nos presenta el fracaso de sus “cadáveres vivientes” una vez consolidado, es decir, sin mostrar el proceso del que ha resultado. Como escribe Sartre, cuando los soñadores acaban confundiendo el desencanto con la verdad no hacen otra cosa que disfrazar su cinismo de madurez o sabiduría. En lugar de procesar esa ruptura como una llamada a la acción, la convierten en una conclusión absoluta: el mundo es malo y no se puede cambiar. La caída en picado que desde entonces han experimentado el arte y la crítica explica que buena parte del éxito de la posmodernidad consista en aceptar y renovar constantemente la relación entre deseo y frustración. Según Sartre, el instante de reflexión al que llega Sísifo es la lucidez sin esperanza que alcanzamos cuando los decorados se desploman.

II Pero, al que solo es hombre, ¿quien le canta?. Ángela Figuera
Mis conocimientos y habilidades solo me permiten ser un mero glosador de la obra de otros, una especie de exégeta medieval que escribe para aprender y cuyo único mérito consiste en tratar de desbaratar el orden impuesto por el idealismo culturalista, no en favor del nuevo Desorden mundial que promueven las grandes fortunas, sino para rearmarlo todo en su versión no autorizada, es decir, desde el punto de vista de quienes ocupan el banco inferior de los remeros, mujeres y hombres cuyo testimonio ha sido silenciado, unas veces de forma violenta y otras privándolos de las capacidades y los medios necesarios para comprender los motivos por los que nunca cumplirán sus sueños. De
ahí la importancia de quienes como Pierre Michon escriben
para que los muertos no mueran del todo, o para que su sombra tenga
la misma intensidad que la de los reyes. Como
escribe Horkheimer, el sistema solo puede ser criticado por quienes
viven de él, los “otros, los que tienen la ocasión de conocerlo desde abajo, son desarmados mediante la despreciativa connotación de que están amargados, deseosos de venganza, son envidiosos". De las “corteses y hambrientas razones” de uno de esos otros gigantes sobre cuyos hombros empapados de sudor barato (Ángela Figuera) también nos hemos alzado (Sancho) he aprendido que no hay que mayor virtud la buena voluntad ni peor defecto que la falta de respeto, básicamente porque ambas están al alcance de todos. Don Quijote y el canónigo de Toledo, posible interlocutor de Cervantes, dan a Sancho el mismo consejo: para ser buen gobernador, lo primero es tener buena intención. Por lo que a los desconsiderados se refiere, parafraseando a Luciano Canfora podríamos decir de ellos que su mayor placer es gritar NO a los infelices. Según Borges, lo más importante de un autor es su entonación

 III Las perlas no hacen el collar; es el hilo. G. Flaubert

 En ocasiones, lecturas que iluminan la existencia me han enmudecido de tal manera que cualquier cosa que hubiese dicho yo habría sido decir menos. Este es el caso del drama social de John Boynton Priestley titulado Ha llegado un inspector del que solo me he atrevido a tomar una cita; también de Los hundidos y los salvados, de Primo Levi, ensayo al que solo he podido unir otra frase del mismo autor para comentar su relación con Jean Améry. En realidad, quien no reciba un relámpago de entendimiento con la lectura de tales obras no lo recibirá de comentario alguno. Por contra, escritores o textos de renombre o no me gustaron o no los entendí. Entre los primeros está Haruki Hurakami; entre los segundos, paradójicamente, el poema de Octavio Paz titulado “Vida sencilla”. Cuando el penúltimo verso de este poema dice que aspira a que al morir le alcance el perdón siempre me pregunto: ¿perdón de qué y de quien? 

 Los libros son temas de discusión, pero su lectura se dificulta cuando se convierten en modelos conceptuales, teóricos y metodológicos compartidos por una comunidad científica o profesional para abordar problemas específicos en un campo particular. Por contra, para comprender algo es necesario salirse del tema. Estos breves textos son una excusa para aportar mis opiniones de manera problemática y transversal, es decir, estableciendo relaciones discutibles que poco o nada tienen que ver con las reseñas habituales o con la enumeración de datos biográficos a los que cualquiera puede acceder sin gran esfuerzo. Juan de Mairena sabía que los libros son vida acumulada, por lo que es imposible fijar fronteras entre literatura, realidad y filosofía. Cuando digo que mis ensayos no cuentan nada nuevo no lo hago con falsa modestia. Soy un mediador que tiene muy presente la opinión de Iván Petróvich Voinitski acerca de su cuñado: "...este hombre, durante exactamente veinticinco años, escribe sobre arte sin comprender absolutamente nada de arte…Durante veinticinco años exactamente, mastica las ideas ajenas sobre realismo, naturalismo y toda otra serie de tonterías…Durante veinticinco años lee y escribe sobre lo que para la gente instruida hace tiempo es conocido y para los necios no ofrece ningún interés…". Por si fuera poco, la presencia en las páginas que siguen de algunos autores es mayor de lo que dejan ver las numerosas citas o referencias expresas que hago de sus obras. Sin embargo, pese a todo, suscribo lo que dijo Charles Bukowski acerca de sus versos: he hecho poemas horribles, pero no tan horribles como muchos de los que he visto publicados.

IV Inevitablemente, la palabrita ≪yo≫ aparecerá  en estas paginas con mas frecuencia de lo deseable, sobre todo, siempre que no pueda sin mas atribuir también a terceros mi experiencia personal. J. Amery

 Una de las partes más autobiográficas de este ensayo lleva el mismo título que el capítulo 28 de El hombre sin atributos, de Robert Musil:: “Un capítulo que se lo puede saltar quien no estime las consideraciones introspectivas”. Este conjunto de textos es también la parte que más veces ha cambiado de nombre. Primero lo llamé Yo lo vi y pronto sabré quien soy, conjunción de un verso de Borges y de una anotación manuscrita por Goya en una estampa en la que representa los sufrimientos de la población en pleno avance de las tropas francesas mientras el clero y los propietarios huyen abrazando una bolsa de dinero. También tuve la tentación de titularlo Confesiones, no por envanecimiento autobiográfico ni porque pretendiera imitar a San Agustín, sino más bien por todo lo contrario. En el primer caso porque mis experiencias carecen de interés. Es verdad que son las de una generación acerca de la que todavía queda casi todo por decir, pero soy incapaz de hablar de ellas de forma impersonal. En el segundo, porque lo que necesito es recuperar la concupiscencia antes de perderla por completo. También porque la intención de  Agustín tenía más de adoctrinamiento que de autognosis. Rechazo toda celebración de la Felix Culpa, pero especialmente la que surge del error. Agustín no dominaba la lengua griega, lo que le hizo malinterpretar a San Pablo con el lamentable resultado de condenar injustamente a quienes aún no habían nacido por un olvidado pecado original para luego consolarlos ideológicamente en la esperanza. Como escribe F. Hinkelarnrnert, Agustín usa palabras de Pablo para designar lo contrario de lo que para él significaron. Los Padres de la Iglesia ya se habían referido al pecado original, pero ni ellos ni las Sagradas Escrituras lo presentaron de forma tan alevosa como el severo Doctor de la Gracia.  Agustín, quizás para compensar sus propios excesos de juventud, no se conformó con entenderlo como una herencia que recibimos pasivamente de Adán y Eva, sino como la perversa conducta que cada uno de nosotros renueva por culpa de un deseo sexual que ni José Arcadio Buendía ni Úrsula pudieron reprimir pese a temer que su hijo naciese con un rabo de cerdo. Agustín debió sufrir tanto como Cioran pensando que los santos habían surgido de un espermatozoide. Ni a los pintores de la Edad Media ni a Miguel Ángel en los frescos que decoran la Capilla Sixtina se les ocurrió representar a Adán y Eva sin ombligo, cicatriz innecesaria para quienes no habrían nacido de mujer. En general, todas las religiones cargan con temores y culpas irracionales a quienes eran buenos desde antes, sin que a cambio logren hacer bueno a ningún malo.

VEscribir es vivir. José Luis Sampedro

Después de pasar por el Gran teatro del mundo no es difícil que a uno se le ocurra algo acerca de lo que ha vivido o leído en los grandes libros, aunque solo sea por desagravio o para quitarle el terciopelo a los que no lo son. Me pregunto que harán los ágrafos con las penas que junto a ellos durmieron fatigadas de la lucha diaria para ofrecer batalla con mayor furia al despuntar la alborada (Juan Ramón Jiménez). 

 

jueves, 3 de abril de 2025

Bacía, yelmo, halo. Este es el orden, Sancho (León Felipe)


Don Quijote de la Mancha es un asunto muy trillado, pero tan abierto a la imaginación y al entendimiento que se puede afirmar que su tema no ha dejado de cambiar a lo largo de la historia. Así lo demuestra la diversidad de interpretaciones que del mismo han hecho los cervantistas para adaptarlo a sus teorías ilustradas, neoclásicas o románticas. Desde el punto de vista filosófico se ha discutido si Don Quijote de la Mancha es una apología o una condena del idealismo, ya sea este falso o verdadero. Entre los españoles también se ha tratado de relacionar a ciertos protagonistas con personajes históricos e incluso al propio don Quijote con el Greco y los místicos (Federico de Castro). Uno de los primeros en intervenir en este debate nacional fue el padre Centeno, quien en 1787 escribió Don Quijote el Escolástico para criticar a quienes se atrincheraron en la escolástica para detener el avance de la Ilustración en España. Pero uno de las polémicas más apasionados enfrentó a quienes como Díaz de Benjumea afirmaban que el Quijote era un libro republicano, anticlerical e izquierdista con aquellos otros que, como Juan Valera no veían en él ningún tipo de crítica social. Tampoco faltan excentricidades como las del grupo de escritores menores que durante el franquismo reinterpretaron a Don Quijote para vincularlo al cionalcatolicismo, esfuerzo sobrehumano al que alguno dedicó 800 páginas para no decir nada salvo que Don Quijote había vuelto para salvar a España. Otros como Unamuno y Ortega prefirieron pensar que Cervantes no fue plenamente consciente del significado de lo que escribía 

martes, 18 de marzo de 2025

EL SER Y ESTAR DE ESPAÑA. Introducción


 





Rompió a llorar, ¡y de qué manera!... Vertía lágrimas antiguas, lágrimas pertenecientes a otros días y que no habían brotado en tiempo oportuno”. Tormento, Benito Pérez Galdós

El ser de España es un debate intelectual con pretensiones filosóficas acerca de la identidad española que se inició a finales del siglo XIX y que en las últimas décadas parece haber perdido interés. Es posible que las Cartas Marruecas escritas por Cadalso en respuesta a las Cartas Persas, de Monstesquieu sean un precedente de este tema, pero las fotografías de los buques españoles tras la batalla naval de Santiago de Cuba  justifican por sí mismas la controversia acerca de dos viejos problemas. Por un lado, España que había sido pionera en la formación del Estado moderno, no logró cohesionarse interiormente. Por otro, la imponente irrupción de España en la historia contrasta con su estrepitoso hundimiento. Lorenzo Hervás (1735-1809) había ofrecido un punto de partida realista cuando escribió que “los niños y niñas pobres dejarán de ir a la escuela porque querrán trabajar para comer, por tanto, para estimularles convendrá darles todos los domingos una limosna a los que asistan a la escuela”.

  La Generación del 98 se propuso actuar políticamente para cambiar las cosas, pero a medida que se integraban en la élite social se iban haciendo cada vez más de derechas. Su confortable posición social les permitió consolidar una visión reformista del regeneracionsmo para la que el origen de los problemas de España ya no había que buscarlo en las estructuras económicas y sociales, sino en una rudimentaria interpretación del Volksgeist que Hegel había puesto en circulación el siglo anterior y en el socorrido carácter levantisco de los desgraciados. Asentado el determinismo histórico ya podían centrarse en una actividad ensayística o literaria ajena a los problemas sociales porque el objeto de análisis no era el estar ni el hacer de España, sino un ontológico ser de España en cuyo análisis pesaba más la búsqueda del alma que los prosaicos motivos que lo habían forjado o el rigor filosófico. El motivo céntrico de mis ideas es la renovación espiritual de España”, escribió Ganivet en su Idearium. Antonio Machado y Ángel Valente lo dijeron con pocas palabras. El primero cuando se refirió a aquella generación como una España que pasó y no ha sido; el segundo cuando dijo que. las generaciones son útiles para salvar a los mediocres. .

 Mientras la intelectualidad europea a finales del siglo XIX avanzaba hacia el modernismo, el positivismo o a nuevas formas de sociología, la Generación del 98 se volcó en un "patriotismo doliente y una búsqueda de la esencia española, a menudo enfocada en el paisaje de Castilla y la intrahistoria. A comienzos del siglo XX, historiadores vinculados a la Institución Libre de Enseñanza como Rafael Altamira seguían culpando de los males de la nación a la Psicología del pueblo español. Su propuesta de reformar las almas era un eslabón más en la cadena de mitos, arrogancias y remisiones a la divina providencia que hicieron imposible separar la emoción y los intereses privados de la verdad histórica. Cuando no se comprenden los procesos o no se quieren reconocer los motivos que los ponen en marcha no hay nada más fácil que echarle la culpa a la fatalidad, a la ausencia de grandes hombres que alguien trata de suplir o a la inferioridad de los explotados, ya sean pueblos, clases sociales o individuos. Las ideas pueden ser equivocadas porque se vean condicionadas por el nivel de conocimiento de cada época, pero se convierten en ideología cuando dejan de ser ideas especulativas (Hegel) para imponerse a sabiendas de su falsedad. Ningún país está a salvo de esta manipulación, pero sus consecuencias son dramáticas en aquellos que con más fuerza se oponen a los cambios en épocas cruciales. El esencialismo del ser de España es un ejemplo de ello y la principal fuente de inspiración de sus “intelectuales” mediocres. Las incertidumbres propias del cambio de siglo y la tardía aparición del proletariado en España hicieron que algunos escritores reaccionarios se sintieran amenazados y recurriesen a un supuesto anarquismo o escepticismo para disfrazar su desprecio a quienes aportaban la base material que sustentaba sus propios privilegios. Los más anacrónicos se aferraron al casticismo y los más ponderados prefirieron hacer llamamientos a la ecuanimidad y a la calma frente a la urgencia desesperada de quienes veían como sus vidas se desperdiciaban en empleos repugnantes. La falta de implicación de quienes solo ven abstracciones en lo que desespera a los desgraciados les convierte en verdugos, pero, en este asunto tenían fuentes eruditas a las que remitirse: según Montaigne, la entrega a una acción justa puede ser excesiva. Otras veces, este cinismo se trató de presentar como un distanciamiento ocurrente e irónico, pero el golpe de estado de 1936 descorrió todos los velos.

Ilustrados, regeneracionistas, krausistas, filántropos e incluso socialistas utópicos han defendido teorías que, en su mayoría, coincidían en achacar los males de España al deficiente sistema educativo de su pasado y a las escasas posibilidades de mejorarlo que se atisbaban. En el año 1900, el 64% de la población española era analfabeta, por lo que sus tesis estaban tan justificadas como su pesimismo, pero el análisis “eminentemente católico” (Juan Valera) del que surgen se queda en la superficie e ignora las raíces políticas y económicas del problema. Tampoco el cambio de siglo acabó con quienes lo atribuían todo a los sanos o a los malos instintos a fin de ahondar en el abismo, unas veces por masoquismo y otras por delirios nacionalistas centrales o periféricos. A unos les pueden servir los recuerdos de las heroicas gestas de un pasado cuyo relato desquiciado por autores como Julián Juderías hacía las delicias de Ramiro de Maeztu y de José María de Areilza, ministro franquista que trató de relacionar las críticas a la dictadura de Franco con la Leyenda Negra española. A la leyenda blanca (Unamuno) que idealizaba todo el pasado católico e imperial se sumaba ahora la glorificación del doblemente traidor Franco,la mayor vergüenza de España (Bergamín). Otros pueden recurrir a Lucas Mallada, supuesto fundador de la paleontología española que atribuía los “males de la patria" a una condena de la Providencia y a una supuesta inferioridad física e intelectual del español, es decir, a lo mismo que, según la ideología de los anteriormente citados, nos hace superiores al resto. Pero ante tanta contradicción ontológica e incluso metafísica como la de Ganivet, ("España es un país metafísicamente imposible") prefiero no ser nadie "un hombre con un grito de estopa en la garganta...un profeta irrisible que no acierta jamás" (León Felipe). 








miércoles, 4 de diciembre de 2024

Socialismo y Crítica social

 

Ensayo acerca del movimiento obrero y el socialismo con especial atención al marxismo, entendido como confluencia de ambos. La idea que se defiende es que el marxismo no es un dogma de fe ni una lista de predicciones que tienen que cumplirse como si fuera una profecía, sino una herramienta de análisis. En palabras de György Lukács: "Incluso si la investigación moderna demostrara la falsedad de todas las afirmaciones particulares de Marx, un marxista ortodoxo serio podría aceptar todos esos nuevos resultados sin reserva... porque la ortodoxia marxista no reside en la creencia en tal o cual tesis, sino exclusivamente en el método."

miércoles, 21 de agosto de 2024

Las leyes de la ideología. Introducción

 




 Bacía, Yelmo, Halo. Este es el orden, Sancho

   León Felipe


Nadie entre aquí que no sea dialéctico”

La ley es el signo que "identifica los falsos amigos del pueblo. Hegel

Con la citada paráfrasis que hace León Felipe de las enseñanzas de Don Quijote ya estaría todo dicho, pero como escribió Wittgenstein, “La dificultad aquí es: detenerse” (Zettel). El presente ensayo trata de esa mezcla variable de filosofía, economía, política y derecho que podemos llamar “Filosofía jurídico política”. Su objeto consiste en analizar críticamente el origen y los fundamentos del derecho mediante un conjunto de reflexiones situado entre lo abstracto y lo empírico que se rebela contra el idealismo que “naturalmente, no conoce la actividad real” (Marx). Se trata de mostrar la contradicción de la ideología de la no ideología que proclama la neutralidad del Estado de Derecho en una sociedad de clases, mientras que considera ideológico afirmar que sin injusticia económica contra los poderosos y sin limitación de su libertad no cabe hablar de democracia. No pretendo confundir los ámbitos de validez, eficacia y justificación de la norma jurídica que Norberto Bobbio identifica como propios de la Ciencia Jurídica, la Sociología del Derecho y la Filosofía Jurídica respectivamente. Tampoco negar la necesidad del derecho y sus conceptos generales, sino cuestionar las argucias jurídicas que tratan de naturalizar las jerarquías sociales mediante la atribución al derecho de una falsa autonomía respecto a las relaciones socioeconómicas que las han engendrado. 

La ley es un texto codificado de las relaciones sociales en cada momento histórico. En ella se encierran muchos misterios que debemos aclarar porque ni el derecho ni la justicia aparecen ex novo en sede parlamentaria ni en la mente del jurista, sino que se construyen en un contexto de fuerzas sociales en conflicto. Resolver el enigma requiere un conocimiento interdisciplinar sin el que no es posible responder a las tradicionales preguntas acerca de la tensión y el orden que la ley impone en el conjunto de la vida social ni a los actuales desafíos que plantean la bioética, la vigilancia digital o la inteligencia artificial. Harold J. Berman escribe que el derecho no solo es la primacía de la actividad jurídica sobre las reglas jurídicas como había dicho Lon Fuller, pero la significación social del proceso vivo del derecho va incluso más allá de esas “otras formas de gobierno (votar, nombrar funcionarios...) o de la “actividad encaminada a lograr y cumplir acuerdos voluntarios” a las que se refiere Berman. Este es el motivo por el que he sustituido el habitual título de "introducción" por la divisa que George Gurvitch quería leer en el frontispicio de la futura Casa de las Ciencias del Hombre, trasunto crítico de aquel otro que lucía en el pétreo dintel de la Academia de Platón para impedir el paso a los diletantes y no iniciados: "Nadie entre aquí que no sepa Geometría".

 El derecho no se comprende desde sí mismo. Uno de los aspectos más problemáticos del derecho es lo que algunos suelen considerar como su gran virtud: su atención a los hechos como si detrás de ellos no hubiese nada. Sin embargo, por un lado, el núcleo esencial del Derecho privado no existiría sin el capitalismo. Por otro, el derecho en su conjunto ha desarrollado una estructura abstracta que al independizarse en el cielo de la imaginación se carga de ideología, entendida esta como sistema de representaciones que resulta de las relaciones de poder social. Según Mark. P. Leone sin la función que desempeña la ideología en la formación social de los individuos y en la producción de significados compartidos sería imposible comprender el mantenimiento de la explotación y la desigualdad sin violencia. Del mismo modo, sin la filosofía jurídica y el ordenamiento positivo que dan soporte a la ideología que identifica poder, verdad y justicia seria muy difícil legitimar la jerarquía social. Al principio fue la fuerza física la que obligó al esclavo; después, códigos de leyes como el de Hammurabi. Sin adentrarse en la trama social del derecho es imposible comprender su función, por lo que cuanto más reacio se muestre este a la crítica más evidenciará su contenido ideológico, ya se trate de la pretendida avaloratividad iuspositivista o del iusnaturalismo revelado. Como se verá más adelante, una de las primeras funciones ideológicas del derecho consiste en crear la ilusión de que las categorías jurídicas preceden a las relaciones sociales reales cuando, en realidad, lo que hace el derecho es darles forma legal. Para muchos, esta afirmación es ideológica o ha quedado desfasada ante la generalización del sufragio universal, pero lo cierto es que nunca había sido tan cierta como ahora, en la medida en que la democracia debe delegar en la ideología el trabajo que la violencia llevaba a cabo en los regímenes totalitarios. La tradicional consideración de la ideología como falsa conciencia se ha complicado, pero no porque la ideología haya desaparecido, sino porque, como se verá en la última parte de este ensayo, ya no es posible distinguir entre engaño y autoengaño.

Según Luigi Ferrajoli , el paso del hecho al derecho solo es posible invirtiendo la tradicional prevalencia de la política sobre el derecho a fin de que este imponga “la ley del más débil frente a la ley del más fuerte propia del estado de naturaleza. Pero el debate acerca de si el Derecho que inició su andadura con las leyes dictadas por Solón de Atenas ha obstaculizado la democracia, si ha servido para proteger a los desfavorecidos frente a los depredadores sociales o si posibilita (republicanismo clásico) o limita (Hobbes) la libertad y la igualdad sigue abierto. Lo mismo cabe decir de las leyes sociales que evitaron la pauperización de la clase trabajadora a finales del siglo XIX. El presente ensayo comparte la teoría de Horkheimer y Adorno, coautores de Dialéctica de la Ilustración para quienes cuando el dominio se objetivó en leyes también tuvo que limitarse. Así, en el dominio se afirma el momento de la racionalidad como distinto de él”Las conclusiones a las que trato de llegar se pueden resumir de la siguiente manera: la democracia surge del logos; ninguna teoría jurídico-política se puede llevar a la práctica sin las condiciones reales que la hagan posible (económicas, políticas, culturales…); el Estado de Derecho no garantiza la democracia; toda la fuerza del Derecho no es contraria al Derecho de la fuerza y, por último que, de momento no se atisba ningún modelo de sociedad en el que la libertad y la igualdad reales sean posibles sin leyes.