miércoles, 23 de septiembre de 2026
Anton Chéjov y la literatura rusa. Introducción
miércoles, 15 de abril de 2026
LA TRAGEDIA GRIEGA. Pasado y presente. Introducción
Prometeo ha ayudado de forma consciente a los humanos por compasión y para crear un contrapeso al poder absoluto del Olimpo, por lo que espera el dolor, lo desafía y lo enfrenta con dignidad revolucionaria. La mortal Ío también padece el castigo de Zeus, pero no por sus actos, sino por capricho divino. Ío sufre una alienación total: solo puede emitir mugidos, pierde su forma humana y huye del dolor empujada por el tábano. Hefesto ha sido el verdugo de Prometeo. Lamenta su dolor, pero ejecuta la orden de encadenarlo. Los personajes Poder y Fuerza también están al servicio de Zeus. Uno, ni tiene empatía ni cuestiona las órdenes. El otro no habla porque no necesita argumentos. Océano es el oportunista que se presenta como supuesto mediador que aconseja a Prometeo no rebelarse y pedir perdón. Su política es la del apaciguamiento, que solo sirve al tirano. Hermes es "el lacayo de los dioses": el funcionario perfecto del régimen que se muestra arrogante con los de abajo y servil con los de arriba. El poder no solo se sirve de todos estos personajes para castigar a quienes no se doblegan, también para obligarlos a reconocer que estaban en un error. A lo largo de la obra, el Coro (las Oceánides) había actuado de la manera tradicional: pidiendo cautela a Prometeo y acatando el poder. Pero cuando llega la hora de elegir, Prometeo y el Coro entienden que aceptar el consejo de Océano es una traición, que ceder ante Hermes es una derrota política y que someterse a Fuerza es una muerte espiritual. El Coro elige la lealtad antes que la seguridad, Zeus desata su furia cósmica, la tierra tiembla y el cielo se desgarra entre truenos y relámpagos. Prometeo y el Coro se hunden juntos en el abismo, manteniéndose firmes hasta el final mientras la tierra se abre y el cielo se desploma.
martes, 14 de abril de 2026
EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE NOVIEMBRE. Introducción
La libertad y la democracia española de 1978 abrieron muchas puertas, pero en la década de los ochenta volvieron a quedar cerradas para la enésima generación “perdida”: jóvenes que se habían marchitado en los programas televisivos del tardofranquismo y que ahora se debían conformar con una “movida” falsamente transgresora sin más base económica ni cultural que la de quienes se forraron a costa de las privatizaciones y los saraos nocturnos a cuya salida esperaba el pasado. La Generación de los ochenta española se sigue viendo como una panda de hedonistas superficiales que solo querían beber y drogarse. Pero ese hedonismo no era falta de compromiso, sino consecuencia de una realidad económica y política que les dejó sin las oportunidades anunciadas. La estética de neón y los sintetizadores ocultan una realidad de orfandad institucional. El “No Future”, popularizado en Europa a mediados de los años setenta llegó a España con cierto retraso y también con particularidades. A diferencia del punk británico, que era perseguido por el sistema, la Movida fue financiada y promocionada por los primeros ayuntamientos democráticos y el gobierno del PSOE. El lema del alcalde Tierno Galván, "¡Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque!", es el ejemplo perfecto de un poder que decía: "Divertíos y no hagáis política". Tras el desencanto de la Transición, los sindicatos y los movimientos vecinales perdieron fuerza. El poder vio en la "modernidad" una forma de canalizar la energía juvenil hacia el consumo, el arte y el ocio, alejándola de las huelgas y la militancia radical. España necesitaba proyectar al exterior que ya no era un país gris y dictatorial. La Movida fue la "marca España" perfecta: joven, colorida y liberal, ocultando bajo el neón la reconversión industrial y el paro estructural que estaba destruyendo los barrios obreros. Mientras en las canciones se hablaba de botes de Colón o de chicas de ayer, en los barrios periféricos la heroína hacía estragos. El sistema permitía (o ignoraba) el consumo descontrolado porque un joven "enganchado" o centrado solo en la fiesta era un joven que no cuestionaba el orden económico.mientras Arthur Seaton en la novela de Sillitoe se rebelaba contra el sistema mediante el ocio, en España el sistema abrazó el ocio para que la juventud no se rebelara contra él.
El relato oficial vendía la Transición como una fiesta de libertad y se desentendieron del resto. Se subvencionaron conciertos y revistas modernas, pero se descuidó la responsabilidad sobre los alumnos y se rompía el tejido industrial que les debía dar empleo. Cuando la realidad del paro y la precariedad les golpeó, muchos sintieron que habían fracasado personalmente, cuando lo que había fracasado era un sistema económico y político que no los tuvo en cuenta. Se fomentó el individualismo para culpar a los que iban cayendo en el averno por no haber sido lo suficientemente espabilados o responsables. Culpabilizar a la víctima descargando el peso en la familia libera a la sociedad. Fueron los conejillos de indias de una libertad para la que nadie les dio recursos. Fue una generación que creció en un limbo histórico: demasiado jóvenes para la lucha antifranquista, pero lo suficientemente adultos para recibir el impacto brutal de un cambio social violento y acelerado. La droga fue una epidemia que diezmó barrios enteros y justo cuando la libertad sexual empezaba a ser una realidad tras décadas de represión, apareció el "cáncer rosa". Para los jóvenes de los 80, el sexo y la muerte se entrelazaron de una forma traumática. En España se hacían ajustes duros para entrar en la Unión Europea y el paro juvenil alcanzó cifras astronómicas: en Andalucía, entre los menores de 20 años, llegó a superar el 50%. Muchos jóvenes se encontraron con que en el futuro brillante que prometía la democracia no había sitio para ellos. Se pasó de los neones de 1982 al rigorismo económico de los 90, dejando a los supervivientes de los 80 como caricaturas de un pasado que el país quería olvidar pronto para ser serio.
Hoy en día se suele mirar la estética de los 80 con una condescendencia burlona. Esa risa es una forma de negar el trauma. Es más fácil reírse de las hombreras y los pelos cardados que reconocer que debajo de ese maquillaje había una juventud que estaba siendo diezmada mientras el país celebraba su entrada en la modernidad. Como la generación de l868-7, la de los ochenta es también “aquella España que pasó y no ha sido”, pero de cuya pérdida todos se desentienden porque, al parecer, no tenía motivos para fracasar: vivieron la democracia en la imaginación. Todas las víctimas merecen reconocimiento, no solo algunas. Es muy fácil y políticamente rentable señalar las faltas del adversario o exigir reparación para víctimas que encajan en un relato ideológico concreto, pero es mucho más difícil reconocer a aquellas víctimas que ponen en evidencia la propia negligencia o errores de cálculo. Incluso dentro de los movimientos culturales de la época hay quienes, tras sobrevivir y prosperar, perpetúan el mito
martes, 24 de marzo de 2026
Ideología. Definiciones incompletas. Introducción
La carta robada, de Poe afirma que el mejor lugar para esconder algo es a plena vista. Ahí es donde se oculta la ideología. La ideología no es un mensaje secreto que una sociedad de sabios encierra en un sótano: está en los anuncios, en la forma en que cerramos una puerta, en los memes y en como organizamos el día. Es tan cotidiana que se vuelve transparente. Como la carta, está ahí, pero dejamos de verla porque la aceptamos como lo normal o el sentido común. Ya nada se transmite mediante discursos complejos, pero menos la ideología porque su esencia es la superficialidad , la diversión y las frases motivacionales que simplifican problemas estructurales (pobreza, salud mental, desigualdad) como si fueran solo una cuestión de actitud personal.
La sociedad no se muestra tal y como es, sino cubierta por una capa de discursos, creencias y justificaciones. La tecnología es hoy la cobertura perfecta porque se presenta como "neutralidad técnica", pero al mismo tiempo es la fuente porque genera nuevas formas de subjetividad (el yo como mercancía) y control que antes no existían. El sistema ya no necesita fieles, sino usuarios porque el algoritmo está programado bajo los valores de quien lo crea y mantiene. Creer que la tecnología es neutral es, en sí mismo, una postura ideológica en la medida en que todo diseño tecnológico ya trae consigo una intención, una jerarquía y una visión del mundo. Un algoritmo de selección de personal no es objetivo, sino que está entrenado con datos históricos que pueden arrastrar prejuicios. Sin embargo, al decir que es neutral, se permite a quienes lo controlan que operen sin rendir cuentas, bajo el disfraz de una objetividad que no existe. Cuando el sistema que ellos organizan se vuelve tan dominante que deja de ser cuestionado pasa a llamarse realidad e ideología a todo proyecto que proponga cambiarlo. El presente ensayo es ideológico porque se asombra de como el neoliberalismo ha colonizado el imaginario colectivo hasta hacer creer que términos como explotación, alienación, ideología o fetichismo de la mercancía son más ideológicos que emprendimiento, capital humano, inversión en uno mismo, proactividad, crecimiento personal en el trabajo o autoempleo.
sábado, 24 de enero de 2026
Theodor Adorno. Introducción.
"La estupidez prospera porque es funcional al mantenimiento del statu quo: distrae, homogeneiza y neutraliza la capacidad del pensamiento crítico". Theodor Adorno
sábado, 26 de abril de 2025
PRETEXTOS. Libros. INTRODUCCIÓN
"Ningún libro que hable de un libro dice más que el libro en cuestión". Italo Calvino
El ensayo es un género literario que no quiere ser como aquel retratista que, según Concepción Arenal solo sabía hacer perfiles. Al ensayo le sientan mejor las barricadas que las alambradas porque prefiere vivir abierto a la crítica entre la producción artística y la intelectual. El ensayo es argumentador, polemista y su materia es la reflexión personal, pero nunca la arbitrariedad, de ahí que se rebele contra el dominio de lo huero que nos hace tomar por extravagantes a quienes rechazan lo insustancial. En los textos siguientes abundan las referencias transversales porque, en mi opinión, tres de los problemas de la difusión cultural actual son su falta de causalidad, la reiteración de lo ya conocido y la incomunicabilidad entre las distintas “disciplinas”, no digamos ya entre estas y los puños crispados de la vida cotidiana en “donde ninguna mirada del Cielo penetra” (Las flores del mal, Baudelaire).
viernes, 4 de abril de 2025
Le herida. Diálogos con los libros. Introducción
Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor
jueves, 3 de abril de 2025
MOLINOS, VENTAS Y REBAÑOS. Introducción.
“...la virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos” Don Quijote de la Manca, Miguel de Cervantes
En la superficie, Don Quijote de la Mancha es una comedia de enredos donde dos personajes opuestos viajan por España enfrentándose a situaciones disparatadas. Pero el Quijote es también una sátira social y una reflexión filosófica acerca de la libertad, la búsqueda de ideales, el valor de la lealtad y la crueldad social. La novela misma está construida sobre la contradicción y el conflicto, por lo que cualquier lectura que eluda la crítica y la polémica supone una traición.
Don Quijote y Sancho se enfrentan a un mundo injusto en el que todo se mueve por dinero, estatus o conveniencia. Don Quijote no se evade en paraísos imaginarios sin salir de su biblioteca: “¿Acaso es más extraña esta fantasía que la predestinación del Islam que postula un Dios, o que el libre albedrío, que nos da la terrible potestad de elegir el infierno?” (Borges). Los problemas de Don Quijote no se deben a que las extravagancias, sino a que su honradez innegociable no se puede mercantilizar. Su locura es el Gran Rechazo: la negativa a aceptar que la sociedad no deje espacio para la épica, la justicia desinteresada y la nobleza de espíritu. Si Don Quijote utiliza un lenguaje elevado, poético y arcaizante, no lo hace por presuntuosidad, sino porque la palabra conlleva responsabilidad y compromiso. Don Quijote rechazaría dos de las afirmaciones de Wittgenstein: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" y "de lo que no se puede hablar, hay que callar". León Felipe agradecía la lucha de Don Quijote por mejorar el mundo desde abajo porque “De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben” (Don Quijote)
martes, 18 de marzo de 2025
EL SER Y ESTAR DE ESPAÑA. Introducción
“Rompió a llorar, ¡y de qué manera!... Vertía lágrimas antiguas, lágrimas pertenecientes a otros días y que no habían brotado en tiempo oportuno”. Tormento, Benito Pérez Galdós
Mientras la intelectualidad europea a finales del siglo XIX avanzaba hacia el modernismo, el positivismo o a nuevas formas de sociología, la Generación del 98 se volcó en un "patriotismo doliente y una búsqueda de la esencia española, a menudo enfocada en el paisaje de Castilla y la intrahistoria. A comienzos del siglo XX, historiadores vinculados a la Institución Libre de Enseñanza como Rafael Altamira seguían culpando de los males de la nación a la Psicología del pueblo español. Su propuesta de reformar las almas era un eslabón más en la cadena de mitos, arrogancias y remisiones a la divina providencia que hicieron imposible separar la emoción y los intereses privados de la verdad histórica. Cuando no se comprenden los procesos o no se quieren reconocer los motivos que los ponen en marcha no hay nada más fácil que echarle la culpa a la fatalidad, a la ausencia de grandes hombres que alguien trata de suplir o a la inferioridad de los explotados, ya sean pueblos, clases sociales o individuos. Las ideas pueden ser equivocadas porque se vean condicionadas por el nivel de conocimiento de cada época, pero se convierten en ideología cuando dejan de ser ideas especulativas (Hegel) para imponerse a sabiendas de su falsedad. Ningún país está a salvo de esta manipulación, pero sus consecuencias son dramáticas en aquellos que con más fuerza se oponen a los cambios en épocas cruciales. El esencialismo del ser de España es un ejemplo de ello y la principal fuente de inspiración de sus “intelectuales” mediocres. Las incertidumbres propias del cambio de siglo y la tardía aparición del proletariado en España hicieron que algunos escritores reaccionarios se sintieran amenazados y recurriesen a un supuesto anarquismo o escepticismo para disfrazar su desprecio a quienes aportaban la base material que sustentaba sus propios privilegios. Los más anacrónicos se aferraron al casticismo y los más ponderados prefirieron hacer llamamientos a la ecuanimidad y a la calma frente a la urgencia desesperada de quienes veían como sus vidas se desperdiciaban en empleos repugnantes. La falta de implicación de quienes solo ven abstracciones en lo que desespera a los desgraciados les convierte en verdugos, pero, en este asunto tenían fuentes eruditas a las que remitirse: según Montaigne, la entrega a una acción justa puede ser excesiva. Otras veces, este cinismo se trató de presentar como un distanciamiento ocurrente e irónico, pero el golpe de estado de 1936 descorrió todos los velos.
Ilustrados, regeneracionistas, krausistas, filántropos e incluso socialistas utópicos han defendido teorías que, en su mayoría, coincidían en achacar los males de España al deficiente sistema educativo de su pasado y a las escasas posibilidades de mejorarlo que se atisbaban. En el año 1900, el 64% de la población española era analfabeta, por lo que sus tesis estaban tan justificadas como su pesimismo, pero el análisis “eminentemente católico” (Juan Valera) del que surgen se queda en la superficie e ignora las raíces políticas y económicas del problema. Tampoco el cambio de siglo acabó con quienes lo atribuían todo a los sanos o a los malos instintos a fin de ahondar en el abismo, unas veces por masoquismo y otras por delirios nacionalistas centrales o periféricos. A unos les pueden servir los recuerdos de las heroicas gestas de un pasado cuyo relato desquiciado por autores como Julián Juderías hacía las delicias de Ramiro de Maeztu y de José María de Areilza, ministro franquista que trató de relacionar las críticas a la dictadura de Franco con la Leyenda Negra española. A la leyenda blanca (Unamuno) que idealizaba todo el pasado católico e imperial se sumaba ahora la glorificación del doblemente traidor Franco,la mayor vergüenza de España (Bergamín). Otros pueden recurrir a Lucas Mallada, supuesto fundador de la paleontología española que atribuía los “males de la patria" a una condena de la Providencia y a una supuesta inferioridad física e intelectual del español, es decir, a lo mismo que, según la ideología de los anteriormente citados, nos hace superiores al resto. Pero ante tanta contradicción ontológica e incluso metafísica como la de Ganivet, ("España es un país metafísicamente imposible") prefiero no ser nadie "un hombre con un grito de estopa en la garganta...un profeta irrisible que no acierta jamás" (León Felipe).
miércoles, 4 de diciembre de 2024
Socialismo y Crítica social. Introducción









