sábado, 24 de enero de 2026

Theodor Adorno. Introducción

 


 

El sentido práctico, la abnegación y la adaptación positiva a la realidad fueron los motivos que convirtieron a Gregorio Samsa en un insecto. Pero no toda deformación de la carne y del espíritu es significativa, según Francis Bacon, sus imágenes distorsionadas parte de su sistema nervioso y no quieren decir nada. Para los miembros de la Escuela de Frankfurt, la dependencia de los dominados en la sociedad de clases no solo es material o económica, sino también cultural e ideológica. Imitan a sus guardianes, adoran los símbolos de sus prisiones y están dispuestos “a despedazar a quien los quiere liberar de ellos”. La diferencia de la crítica cultural de estos autores va más allá de la superficie comercial en la que se detienen quienes se indignan “con la superficialidad y la pérdida de sustancia” sin cuestionar el modo de producción capitalista. El éxito de estos últimos se debe a la "injusticia ya cometida en la esfera de la producción", por lo que su indignación se convierte en otro producto de consumo.

viernes, 4 de abril de 2025

Le herida. Diálogos con los libros. Introducción



Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío, 
como un amo implacable
 me obliga a trabajar de día, de noche, 
con dolor, con amor

Juan Gelman

   

I De mi propia cosecha he aprendido muy poco, pero con la profunda atención de quien oye llover (José Bergamín) he leído a otros más talentosos. Las conversaciones que a solas he mantenido con sus obras son el tema del presente ensayo o conjunto de pretextos. Los libros que más me han ocupado a lo largo de mi vida han sido aquellos que ofrecían una interpretación del mundo o un proyecto para cambiarlo, pero ni en los más fecundos de estos diálogos he llegado a descubrir el sentido de la vida, lo que me hace pensar que solo hemos nacido para morir. Pese a ello, sin el perfume que los libros dejaron en mi vida no habría tenido fuerzas para volver a empujar la barca cada mañana. Lo mismo puedo decir del tipo de música que aspira a algo más que romper el silencio, ya se trate de la perturbadora ópera Lulú, de Alban Berg o de las misteriosamente apacibles composiciones para viola de gamba y teclado escritas por Couperin, notas sutiles e inmensas que contrastan tanto con la pompa y las fanfarrias versallescas como con el actual adocenamiento.

Los personajes literarios más realistas no son aventureros, héroes ni villanos, sino mujeres y hombres complejos, cuyas pasiones y contradicciones tienen lugar en la vida cotidiana ante la indiferencia social. Como todos nosotros son personas insatisfechas que no logran expresar la causa de su frustración, de ahí la importancia de los silencios que favorecen la reflexión y hacen dudar acerca de la propia calificación de la obra como tragedia o comedia. Hay escritores que hacen que sus personajes tomen decisiones con las que no siempre estará de acuerdo el lector, pero ninguno tan nocivo como el que le trata de hacer creer que existen personajes ideales, ya sean reales o ficticios. Por su culpa creemos alcanzar la sabiduría del desengaño, pero una segunda lectura demuestra que aquello no era más que la gran decepción que vienen sufriendo todos los ilusos a lo largo de la historia, ya se trate de la confusión entre el vivir y el soñar del barroco para quien la vida auténtica es posterior a la muerte o de la desilusionada novela burguesa que, como escribe Lukács, no hace otra cosa que dar testimonio contra sí misma en la medida en que nos presenta el fracaso de sus “cadáveres vivientes” una vez consolidado, es decir, sin mostrar el proceso del que ha resultado. La caída en picado que desde entonces han experimentado el arte y la cultura justifica que buena parte del éxito de la posmodernidad consista en explotar y renovar constantemente la relación entre deseo y frustración. Según Sartre, el instante de reflexión al que llega Sísifo es la lucidez sin esperanza que alcanzamos cuando los decorados se desploman. 

II Las perlas no hacen el collar; es el hilo. G. Flaubert

Mis conocimientos y habilidades solo me permiten ser un mero glosador de la obra de otros, una especie de exégeta medieval que escribe para aprender y cuyo único mérito consiste en tratar de desbaratar el orden impuesto por el idealismo culturalista, no en favor del nuevo Desorden mundial que promueven las grandes fortunas, sino para rearmarlo todo en su versión no autorizada, es decir, desde el punto de vista de quienes ocupan el banco inferior de los remeros, mujeres y hombres cuyo testimonio ha sido silenciado, unas veces de forma violenta y otras privándolos de las capacidades y los medios necesarios para comprender los motivos por los que nunca cumplirán sus sueños. Para ello, interpretar su propia experiencia contra el relato hegemónico nunca ha sido fácil. No solo porque este se ha consolidado a lo largo de la historia y porque quienes lo han elaborado han sido los mejores teóricos, sino porque, como escribe Horkheimer, el sistema solo puede ser criticado por quienes viven de él. "Los otros, los que tienen la ocasión de conocerlo desde abajo, son desarmados mediante la despreciativa connotación de que están amargados, deseosos de venganza, son envidiosos" De las “corteses y hambrientas razones” de uno de esos otros gigantes sobre cuyos hombros empapados de sudor barato (Ángela Figuera) también nos hemos alzado (Sancho) he aprendido que no hay mayor virtud que la buena voluntad ni peor defecto que la falta de respeto, básicamente porque ambas están al alcance de todos. Don Quijote y el canónigo de Toledo, posible interlocutor de Cervantes, dan a Sancho el mismo consejo; para ser buen gobernador, lo primero es tener buena intención. Acerca de los desconsiderados, parafraseando a Luciano Canfora podríamos decir de ellos que su mayor placer es decir que NO a los infelices. Según Borges, lo más importante de un autor también es su entonación

En ocasiones, lecturas que iluminan la existencia me han enmudecido de tal manera que cualquier cosa que hubiese dicho yo habría sido decir menos. Este es el caso del drama social de John Boynton Priestley titulado Ha llegado un inspector del que solo me he atrevido a tomar una cita y de Los hundidos y los salvados, de Primo Levi, ensayo al que solo he podido unir otra frase del mismo autor para comentar su relación con Jean Améry. En realidad, quien no reciba un relámpago de entendimiento con la lectura de tales obras no lo recibirá de comentario alguno. Por contra, escritores o textos de renombre o no me gustaron o no los entendí. Entre los primeros está Haruki Hurakami; entre los segundos, paradójicamente, el poema de Octavio Paz titulado “Vida sencilla”. Cuando el penúltimo verso de este poema dice que aspira a que al morir le alcance el perdón siempre me he hecho las mismas preguntas: ¿perdón de qué y de quien? El libro es un tema de discusión, pero su lectura se dificulta cuando se convierte en paradigma o se le han dedicado innumerables ponencias. Estos breves textos son una excusa para aportar mis opiniones de manera problemática y transversal, es decir, estableciendo relaciones discutibles que poco o nada tienen que ver con las reseñas habituales o con la enumeración de datos biográficos a los que cualquiera puede acceder sin gran esfuerzo. Juan de Mairena sabía que los libros son vida acumulada, por lo que es imposible fijar fronteras entre la literatura, la realidad y la filosofía. Cuando digo que mis ensayos no cuentan nada nuevo no lo hago con falsa modestia. Soy un mediador que tiene muy presente la opinión de Iván Petróvich Voinitski acerca de su cuñado: "...este hombre, durante exactamente veinticinco años, escribe sobre arte sin comprender absolutamente nada de arte…Durante veinticinco años exactamente, mastica las ideas ajenas sobre realismo, naturalismo y toda otra serie de tonterías…Durante veinticinco años lee y escribe sobre lo que para la gente instruida hace tiempo es conocido y para los necios no ofrece ningún interés…". Por si fuera poco, la presencia en las páginas que siguen de algunos autores es mayor de lo que dejan ver las numerosas citas o referencias expresas que hago de sus obras. Pese a todo, suscribo lo que dijo Charles Bukowski acerca de sus versos: he hecho poemas horribles, pero no tan horribles como muchos de los que he visto publicados.

III Inevitablemente, la palabrita ≪yo≫ aparecera  en estas paginas con mas frecuencia de lo deseable, sobre todo, siempre que no pueda sin mas atribuir también a terceros mi experiencia personal. J. Amery

 Uno de los capítulos más introspectivos y que más veces ha cambiado de nombre de este ensayo se titula Yo lo vi y pronto sabré quien soy, conjunción de un verso de Borges y de una anotación manuscrita por Goya en una estampa en la que representa los sufrimientos de la población en pleno avance de las tropas francesas mientras el clero y los propietarios huyen abrazando una bolsa de dinero. Primero pensé titularlo Confesiones, no por envanecimiento autobiográfico ni porque pretendiera imitar a San Agustín, sino más bien por todo lo contrario. En el primer caso porque mis experiencias carecen de interés. Es verdad que son las de una generación acerca de la que todavía queda casi todo por decir, pero soy incapaz de hablar de ellas de forma impersonal. En el segundo, porque lo que necesito es recuperar la concupiscencia antes de perderla por completo. También porque la intención de  Agustín tenía más de adoctrinamiento que de autognosis. Rechazo toda celebración de la Felix Culpa, pero especialmente la que surge del error. Agustín no dominaba la lengua griega, lo que le hizo malinterpretar a San Pablo con el lamentable resultado de condenar injustamente a quienes aún no habían nacido por un olvidado pecado original para luego consolarlos ideológicamente en la esperanza. Como escribe F. Hinkelarnrnert, Agustín usa palabras de Pablo para designar lo contrario de lo que para él significaron. Los Padres de la Iglesia ya se habían referido al pecado original, pero ni ellos ni las Sagradas Escrituras lo presentaron de forma tan alevosa como el severo Doctor de la Gracia.  Agustín, quizás para compensar sus propios excesos de juventud, no se conformó con entenderlo como una herencia que recibimos pasivamente de Adán y Eva, sino como la perversa conducta que cada uno de nosotros renueva por culpa de un deseo sexual que ni José Arcadio Buendía ni Úrsula pudieron reprimir pese a temer que su hijo naciese con un rabo de cerdo. Agustín debió sufrir tanto como Cioran pensando que los santos habían surgido de un espermatozoide. Ni a los pintores de la Edad Media ni a Miguel Ángel en los frescos que decoran la Capilla Sixtina se les ocurrió representar a Adán y Eva sin ombligo, cicatriz innecesaria para quienes no habrían nacido de mujer. En general, todas las religiones cargan con temores y culpas irracionales a quienes eran buenos desde antes, sin que a cambio logren hacer bueno a ningún malo.

IV Escribir es vivir. José Luis Sampedro

Después de tantas muertes y resurrecciones o en medio de la sucesión de faros y calamidades en que consiste el Gran teatro del mundo no es difícil que a uno se le ocurra algo acerca de lo que ha vivido o leído en los grandes libros. A su vez, escribir aviva la reflexión personal, de ahí que me sorprenda que haya personas que no escriben, aunque solo sea como desagravio o para dejar constancia de la imposibilidad de comprender la insensata ficción que nos envuelve. Me pregunto que harán estos ágrafos con las penas que junto a ellos durmieron fatigadas de la lucha diaria para ofrecer batalla con mayor furia al despuntar la alborada (Juan Ramón Jiménez).





jueves, 3 de abril de 2025

Bacía, yelmo, halo. Este es el orden, Sancho (León Felipe)


Don Quijote de la Mancha
es un asunto muy trillado, pero tan abierto a la imaginación y al entendimiento que se puede afirmar que su tema no ha dejado de cambiar a lo largo de la historia. Así lo demuestra la diversidad de interpretaciones que del mismo han hecho los cervantistas para adaptarlo a sus teorías ilustradas, neoclásicas o románticas. Desde el punto de vista filosófico se ha discutido si Don Quijote de la Mancha es una apología o una condena del idealismo, ya sea este falso o verdadero. Entre los españoles también se ha tratado de relacionar a ciertos protagonistas con personajes históricos e incluso al propio don Quijote con el Greco y los místicos (Federico de Castro). Uno de los primeros en intervenir en este debate nacional fue el padre Centeno, quien en 1787 escribió Don Quijote el Escolástico para criticar a quienes se atrincheraron en la escolástica para detener el avance de la Ilustración en España. Pero uno de las polémicas más apasionados enfrentó a quienes como Díaz de Benjumea afirmaban que el Quijote era un libro republicano, anticlerical e izquierdista con aquellos otros que, como Juan Valera no veían en él ningún tipo de crítica social. Tampoco faltan las excentricidades ni quienes como Unamuno y Ortega piensan que Cervantes no fue plenamente consciente del significado de lo que escribía 

martes, 18 de marzo de 2025

El estar (ser) de España. Introducción

 





Rompió a llorar, ¡y de qué manera!... Vertía lágrimas antiguas, lágrimas pertenecientes a otros días y que no habían brotado en tiempo oportuno”. Tormento, Benito Pérez Galdós

El ser de España es un debate intelectual con pretensiones filosóficas acerca de la identidad española que se inició a finales del siglo XIX y que en las últimas décadas parece haber perdido interés. Es posible que las Cartas Marruecas escritas por Cadalso a la manera de las Cartas Persas, de Monstesquieu sean un precedente de este tema, pero las fotografías de los buques españoles tras la batalla naval de Santiago de Cuba  justifican por sí mismas la controversia acerca de dos viejos problemas. Por un lado, España que había sido pionera en la formación del Estado moderno, no logró cohesionarse interiormente. Por otro, la imponente irrupción de España en la historia contrasta con su estrepitoso hundimiento. Lorenzo Hervás (1735-1809) había ofrecido un punto de partida realista cuando escribió que “los niños y niñas pobres dejarán de ir a la escuela porque querrán trabajar para comer, por tanto, para estimularles convendrá darles todos los domingos una limosna a los que asistan a la escuela”.

  La Generación del 98 se propuso actuar políticamente para cambiar las cosas, pero a medida que se integraban en la élite social se iban haciendo cada vez más de derechas. Su confortable posición social les permitió consolidar una visión reformista del regeneracionsmo para la que el origen de los problemas de España ya no había que buscarlo en las estructuras económicas y sociales, sino en una rudimentaria interpretación del Volksgeist que Hegel había puesto en circulación el siglo anterior y en el socorrido carácter levantisco de los desgraciados. Asentado el determinismo histórico ya podían centrarse en una actividad ensayística o literaria ajena a los problemas sociales porque el objeto de análisis no era el estar ni el hacer de España, sino un ontológico ser de España en cuyo análisis pesaba más la búsqueda del alma que los prosaicos motivos que lo habían forjado o el rigor filosófico. El motivo céntrico de mis ideas es la renovación espiritual de España”, escribió Ganivet en su Idearium. Antonio Machado y Ángel Valente lo dijeron con pocas palabras. El primero cuando se refirió a aquella generación como una España que pasó y no ha sido; el segundo cuando dijo que. las generaciones son útiles para salvar a los mediocres. .

Mitos, arrogancias y remisiones a la divina providencia hicieron imposible separar la emoción y los intereses privado de la verdad histórica. Cuando no se comprenden los procesos o no se quieren reconocer los motivos que los ponen en marcha no hay nada más fácil que echarle la culpa a la fatalidad y a la inferioridad de los explotados, ya sean pueblos, clases sociales o individuos. Las ideas pueden ser equivocadas porque se vean condicionadas por el nivel de conocimiento de cada época, pero se convierten en ideología cuando dejan de ser ideas especulativas (Hegel) para imponerse a sabiendas de su falsedad. Ningún país está a salvo de esta manipulación, pero sus consecuencias son dramáticas en aquellos que con más fuerza se oponen a los cambios en épocas cruciales. Paradojicamente, el debate acerca del ser de España no solo es un ejemplo de ello, sino, en sí mismo, también un rasgo de lo español. Las incertidumbres propias del cambio de siglo y la tardía aparición del proletariado en España hicieron que algunos escritores reaccionarios se sintieran amenazados y recurriesen a un supuesto anarquismo o escepticismo para disfrazar su desprecio a quienes aportaban la base material que sustentaba sus propios privilegios. Los más anacrónicos se aferraron al casticismo y los más ponderados prefirieron hacer llamamientos a la ecuanimidad y a la calma frente a la urgencia desesperada de quienes veían como sus vidas se desperdiciaban en empleos repugnantes. La falta de implicación de quienes solo ven abstracciones en lo que desespera a los desgraciados les convierte en verdugos, pero, en este asunto tenían fuentes eruditas a las que remitirse: según Montaigne, la entrega a una acción justa puede ser excesiva. Otras veces, este cinismo se trató de presentar como un distanciamiento ocurrente e irónico, pero el golpe de estado de 1936 descorrió todos los velos.

Ilustrados, regeneracionistas, krausistas, filántropos e incluso socialistas utópicos han defendido teorías que, en su mayoría, coincidían en achacar los males de España al deficiente sistema educativo de su pasado y a las escasas posibilidades de mejorarlo que se atisbaban. En el año 1900, el 64% de la población española era analfabeta, por lo que sus tesis estaban tan justificadas como su pesimismo, pero el análisis “eminentemente católico” (Juan Valera) del que surgen se queda en la superficie e ignora las raíces políticas y económicas del problema. Tampoco el cambio de siglo acabó con quienes lo atribuían todo a los sanos o a los malos instintos a fin de ahondar en el abismo, unas veces por masoquismo y otras por delirios nacionalistas centrales o periféricos. A unos les pueden servir los recuerdos de las heroicas gestas de un pasado cuyo relato desquiciado por autores como Julián Juderías hacía las delicias de Ramiro de Maeztu y de José María de Areilza, ministro franquista que trató de relacionar las críticas a la dictadura de Franco con la Leyenda Negra española. A la leyenda blanca (Unamuno) que idealizaba todo el pasado católico e imperial se sumaba ahora la glorificación del doblemente traidor Franco,la mayor vergüenza de España (Bergamín). Otros pueden recurrir a Lucas Mallada, supuesto fundador de la paleontología española que atribuía los “males de la patria" a una condena de la Providencia y a una supuesta inferioridad física e intelectual del español, es decir, a lo mismo que, según la ideología de los anteriormente citados, nos hace superiores al resto. Pero ante tanta contradicción ontológica e incluso metafísica como la de Ganivet, ("España es un país metafísicamente imposible") prefiero no ser nadie "un hombre con un grito de estopa en la garganta...un profeta irrisible que no acierta jamás" (León Felipe). 




miércoles, 21 de agosto de 2024

Las leyes de la ideología. Introducción

 




 Bacía, Yelmo, Halo. Este es el orden, Sancho

   León Felipe


Nadie entre aquí que no sea dialéctico”

La ley es el signo que "identifica los falsos amigos del pueblo. Hegel

Con la citada paráfrasis que hace León Felipe de las enseñanzas de Don Quijote ya estaría todo dicho, pero como escribió Wittgenstein, “La dificultad aquí es: detenerse” (Zettel). El presente ensayo trata de esa mezcla variable de filosofía, economía, política y derecho que podemos llamar “Filosofía jurídico política”. Su objeto consiste en analizar críticamente el origen y los fundamentos del derecho mediante un conjunto de reflexiones situado entre lo abstracto y lo empírico que se rebela contra el idealismo que “naturalmente, no conoce la actividad real” (Marx). Se trata de mostrar la contradicción de la ideología de la no ideología que proclama la neutralidad del Estado de Derecho en una sociedad de clases, mientras que considera ideológico afirmar que sin injusticia económica contra los poderosos y sin limitación de su libertad no cabe hablar de democracia. No pretendo confundir los ámbitos de validez, eficacia y justificación de la norma jurídica que Norberto Bobbio identifica como propios de la Ciencia Jurídica, la Sociología del Derecho y la Filosofía Jurídica respectivamente. Tampoco negar la necesidad del derecho y sus conceptos generales, sino cuestionar las argucias jurídicas que tratan de naturalizar las jerarquías sociales mediante la atribución al derecho de una falsa autonomía respecto a las relaciones socioeconómicas que las han engendrado. 

La ley es un texto codificado de las relaciones sociales en cada momento histórico. En ella se encierran muchos misterios que debemos aclarar porque ni el derecho ni la justicia aparecen ex novo en sede parlamentaria ni en la mente del jurista, sino que se construyen en un contexto de fuerzas sociales en conflicto. Resolver el enigma requiere un conocimiento interdisciplinar sin el que no es posible responder a las tradicionales preguntas acerca de la tensión y el orden que la ley impone en el conjunto de la vida social ni a los actuales desafíos que plantean la bioética, la vigilancia digital o la inteligencia artificial. Harold J. Berman escribe que el derecho no solo es la primacía de la actividad jurídica sobre las reglas jurídicas como había dicho Lon Fuller, pero la significación social del proceso vivo del derecho va incluso más allá de esas “otras formas de gobierno (votar, nombrar funcionarios...) o de la “actividad encaminada a lograr y cumplir acuerdos voluntarios” a las que se refiere Berman. Este es el motivo por el que he sustituido el habitual título de "introducción" por la divisa que George Gurvitch quería leer en el frontispicio de la futura Casa de las Ciencias del Hombre, trasunto crítico de aquel otro que lucía en el pétreo dintel de la Academia de Platón para impedir el paso a los diletantes y no iniciados: "Nadie entre aquí que no sepa Geometría".

 El derecho no se comprende desde sí mismo. Uno de los aspectos más problemáticos del derecho es lo que, algunos, suelen considerar como su gran virtud: su atención a los hechos como si detrás de ellos no hubiese nada. Sin embargo, por un lado, el núcleo esencial del Derecho privado no existiría sin el capitalismo. Por otro, el derecho en su conjunto ha desarrollado una estructura abstracta que al independizarse en el cielo de la imaginación se carga de ideología, entendida esta como sistema de representaciones que resulta de las relaciones de poder social. Según Mark. P. Leone sin la función que desempeña la ideología en la formación social de los individuos y en la producción de significados compartidos sería imposible comprender el mantenimiento de la explotación y la desigualdad sin violencia. Del mismo modo, sin la filosofía jurídica y el ordenamiento positivo que dan soporte a la ideología que identifica poder, verdad y justicia seria muy difícil legitimar la jerarquía social. Esto es así desde los tiempos del Código de Hammurabi. Sin adentrarse en la trama social del derecho es imposible comprender su función, por lo que cuanto más reacio se muestre este a la crítica más evidenciará su contenido ideológico, ya se trate de la pretendida avaloratividad iuspositivista o del iusnaturalismo revelado. Como se verá más adelante, una de las primeras funciones ideológicas del derecho consiste en crear la ilusión de que las categorías jurídicas preceden a las relaciones sociales reales cuando, en realidad, lo que hace el derecho es darles forma legal. Para muchos, esta afirmación es ideológica o ha quedado desfasada ante la generalización del sufragio universal, pero lo cierto es que nunca había sido tan cierta como ahora, en la medida en que la democracia debe delegar en la ideología el trabajo que la violencia llevaba a cabo en los regímenes totalitarios. La tradicional consideración de la ideología como falsa conciencia se ha complicado, pero no porque la ideología haya desaparecido, sino porque, como se verá en la última parte de este ensayo, ya no es posible distinguir entre engaño y autoengaño.

Según Luigi Ferrajoli , el paso del hecho al derecho solo es posible invirtiendo la tradicional prevalencia de la política sobre el derecho a fin de que este imponga “la ley del más débil frente a la ley del más fuerte propia del estado de naturaleza. Pero el debate acerca de si el Derecho que inició su andadura con las leyes dictadas por Solón de Atenas ha obstaculizado la democracia, si ha servido para proteger a los desfavorecidos frente a los depredadores sociales o si posibilita (republicanismo clásico) o limita (Hobbes) la libertad y la igualdad sigue abierto. Lo mismo cabe decir de las leyes sociales que evitaron la pauperización de la clase trabajadora a finales del siglo XIX. El presente ensayo comparte la teoría de Horkheimer y Adorno, coautores de Dialéctica de la Ilustración para quienes cuando el dominio se objetivó en leyes también tuvo que limitarse. Así, en el dominio se afirma el momento de la racionalidad como distinto de él”Las conclusiones a las que trato de llegar se pueden resumir de la siguiente manera: la democracia surge del logos; ninguna teoría jurídico-política se puede llevar a la práctica sin las condiciones reales que la hagan posible (económicas, políticas, culturales…); el Estado de Derecho no garantiza la democracia; toda la fuerza del Derecho no es contraria al Derecho de la fuerza y, por último que, de momento no se atisba ningún modelo de sociedad en el que la libertad y la igualdad reales sean posibles sin leyes. 

domingo, 30 de junio de 2024

Arte, cultura y poder. Introducción







En el presente ensayo me propongo hacer algo que hoy en día está muy mal visto: mezclar (no confundir) el arte y la cultura con la política. Estas dos irrenunciables actividades humanas se convirtieron en prioritarias con el paso del mito al logos, es decir, cuando en la antigua Grecia la humanidad se tomó la molestia de organizar la vida en común mediante la argumentación racional y no a través de los tradicionales relatos asumidos sin crítica. Dos de los primeros inventos de la inteligencia fueron la política y la tragedia griega en donde se discutía acerca del sentido de la justicia; sin embargo, en la actualidad insistimos en la extravagante ideología de hacer de los temas políticos un asunto privado y del arte una cuestión de gusto. La paradójica consecuencia de este proceso es la conversión de la cultura en el más “noble sustituto de la política”, al menos así es como piensa Wolf Lepenies, sociólogo prusiano al que sorprendió descubrir que esta teoría suya que él creía exclusiva de Alemania había sido utilizada por Hans Magnus Enzensberg, no para referirse a ese país de “poetas y pensadores” idealistas, sino a España.

Para Jacop Burckhardt, el Estado era una obra de arte y el lujoso atuendo con el que se exhibían los déspotas “no intentaba tanto satisfacer su propia vanidad personal como impresionar la fantasía popular”. George Balandier recuerda la relación que Maquiavelo encontró entre el arte del gobierno y el arte de la escena. Para él, la teatrocracia está detrás de cada regulación social establecida por el poder y consentida como propia por parte de los gobernados. Quienes insistan en creer que el pensamiento y la cultura se sitúan por encima de la brutalidad cotidiana y el filisteismo se alejan de su plena comprensión. Entre estos idealistas abundan los sabios de profesión, herederos de aquellos otros mandarines para quienes Proust, Kafka o Pessoa solo eran escritores aficionados. Una mirada estrictamente formal de la Anunciación con San Emigdio, de Carlo Crivelli que prescindiese de su contenido ideológico sería tan falsa como disfrutar de una escena de caza sin trompas y sirvientes, es decir, sin esas cosas que un ciego y temerario impulso habían hecho creer a Descartes que existían fuera de él. Es cierto que el Renacimiento humanizó la cultura, pero a través de la pluma de quienes escribían en latín para que no les entendiese el vulgo o mediante las conmovidas expresiones de los piadosos y emprendedores burgueses que, al igual que los escribas de los que nos previene el Evangelio (Marcos. 12,38-44), gastaban su dinero en enriquecer sus capillas, en ornamentar las calles o en practicar la limosna para mejorar su influencia dentro de la iglesia, escalar políticamente o justificar ante la sociedad sus actividades lucrativas contrarias a los preceptos cristianos que prohibían la usura. El confinamiento de lo sensible al mundo interior y el afán de ciertos “benefactores sociales” por esculpir su escudo de armas junto a los ideales humanistas ha hecho que el arte solo arroje sobre los dominados una mirada de piedra. 

La revolucionaria secularización del mundo que va del Renacimiento a la actual disolución de nuestra vida en las ilusiones de la mercancía y el individualismo, pasando por Descartes y la Ilustración, ha sustituido una metafísica por otra a fin de renovar las formas de dominación social. Para Aristóteles, el solitario era una bestia o un dios y durante el feudalismo, quien andaba solo era un loco. Cuando el individuo aparece en la historia moderna lo hace como sustancia que piensa en detrimento de quienes trabajan manualmente, como espíritu que gobierna la máquina del cuerpo (Descartes) para imponerse socialmente y dominar la naturaleza. Este proceso que Anselm Jappe denomina desencarnalización no ha dejado de avanzar, primero con la mónada aislada que forma parte del orden que dios ha elegido como mejor de los mundos posibles y más elaboradamente con Kant: el ser humano es más forma que sustancia en sintonía con el predominio del valor de cambio frente al valor de uso. Por contra, cuando se ha antepuesto la esencia humana solo ha sido para revestir la realidad de idealismo haciendo prevalecer el alma frente al cuerpo, desmaterialización que supone un serio problema para quienes trabajan con él y carecen de tiempo para pensar. Hacia ellos están orientados los siguientes ensayos.


lunes, 4 de marzo de 2024

Ensayos sobre música. Introducción



 No todos los ruidos que salieron del fondo del primer charco son música, pero cuando se inventaron la rueda y la escritura ya existía la música. Los hallazgos arqueológicos nos permiten asegurar que los seres humanos vienen modulando el sonido de forma rítmica desde el umbral de los tiempos mediante la sucesión o la superposición de notas, es decir componiendo las melodías o armonías que constituyen el canto y la música: “las más puras y desinteresadas fruiciones de la vida” (Ramón y Cajal). El materialismo histórico también nos ofrece unas buenas herramientas para afrontar nuestra personal experiencia musical: "Herder escribe que 'todo lo que suena en la naturaleza es música', pero no observa que hay un salto entre la naturaleza y un oído capaz de escuchar música, un artista...un instrumento. Es el salto constituido por la evolución social sobre la base del trabajo". (G. Lukács) 



lunes, 26 de junio de 2023

Fragmentos. Prólogo al lector





 La cultura en sentido amplio lo abarca todo: poesía, armas químicas, cárceles, comidas de empresa o platillos volantes; pero aquí me conformaré con escribir sobre algunas de sus manifestaciones culturales e intelectuales. Ambas, juntas o por separado, han servido a las sociedades para poner orden y belleza en el caos que supone la vida en común, pero también para forjar una imagen sólida y bella del poder que implique o aplaste a quienes deben someterse a su magnificencia y prosperidad. La cultura y el pensamiento no solo son lo que aparentan, sino también la violencia con la que se han ido tallando a lo largo de la historia. 

 El ensayo es un género literario que no quiere ser como aquel retratista que, según Concepción Arenal solo sabía hacer perfiles. Al ensayo le sientan mejor las barricadas que las alambradas porque prefiere vivir abierto a la crítica entre la producción artística y la intelectual. El ensayo es argumentador, polemista y su materia es la reflexión personal, pero nunca la arbitrariedad, de ahí que se rebele contra el dominio de lo huero que nos hace tomar por extravagantes a quienes rechazan lo insustancial. En los textos siguientes abundan las referencias transversales porque, en mi opinión, tres de los problemas de la difusión cultural actual son su falta de causalidad, la reiteración de lo ya conocido y la incomunicabilidad entre las distintas “disciplinas”, no digamos ya entre estas y los puños crispados de la vida cotidiana en “donde ninguna mirada del Cielo penetra” (Las flores del mal, Baudelaire). 

  Y a Dios, que esto no es más de 
 darte la muestra del paño:
  si no te agrada la pieza, 
  no desenvuelvas el fardo. 
 
   Sor Juana Inés de la Cruz

viernes, 10 de septiembre de 2021

Trabajo. Introducción

 





 Si en el momento de tener que abandonar el mundo alguien me preguntara por los seres humanos diría que me despido perplejo por lo que me ha parecido una extraña forma de vida. La desigualdad en la que conviven, su falta de libertad, lo rudimentarias que son sus maneras de existir y el desmedido poder que la jerarquía laboral otorga a determinados individuos sobre la vida de sus subordinados al margen de cualquier otra cualidad intelectual o moral son hechos que nunca dejaron de impresionarme. Si por falta de tiempo tuviera que abreviar me limitaría a decir tres palabras: división del trabajo.