Si al abandonar el mundo alguien me preguntara por los seres humanos diría que me despido asombrado de su falta de libertad, de su violencia, de la desigualdad que existe entre ellos y del desmedido poder que la jerarquía laboral otorga a determinados individuos sobre la vida de sus subordinados al margen de cualquier consideración intelectual o moral. Si por falta de tiempo tuviera que abreviar, me limitaría a decir tres palabras: división del trabajo.

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