Don
Quijote de la Mancha
es un asunto muy trillado, pero tan abierto a la imaginación
y al entendimiento
que se puede afirmar que su tema no ha dejado de cambiar
a lo largo de la historia. Así lo demuestra la diversidad de
interpretaciones que del mismo han hecho los cervantistas para
adaptarlo a sus teorías ilustradas, neoclásicas o románticas.
Desde el punto de vista filosófico se ha discutido si Don
Quijote de la Mancha
es una apología o una condena del idealismo, ya sea este falso o
verdadero. Entre los españoles también se ha tratado de relacionar a ciertos
protagonistas con personajes históricos e incluso al propio don
Quijote con el Greco y los místicos (Federico de Castro). Uno de los
primeros en intervenir en este debate nacional fue el padre Centeno,
quien en 1787 escribió Don
Quijote el Escolástico para criticar a quienes se atrincheraron en la escolástica
para detener el avance de la Ilustración en España. Pero uno de las
polémicas más apasionados enfrentó a quienes como Díaz de
Benjumea afirmaban que el Quijote era un libro republicano,
anticlerical e izquierdista con aquellos otros que, como Juan Valera
no veían en él ningún tipo de crítica social. Tampoco faltan excentricidades como las del grupo de escritores menores
que durante el franquismo reinterpretaron a Don Quijote para
vincularlo al cionalcatolicismo,
esfuerzo sobrehumano al que alguno dedicó 800 páginas para no decir
nada salvo que Don Quijote había vuelto para salvar a España. Otros como Unamuno y Ortega prefirieron pensar que
Cervantes no fue plenamente consciente del significado de lo que
escribía

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