Don Quijote de la Mancha es un asunto muy trillado, pero tan abierto a la imaginación y al entendimiento que se puede afirmar que su tema no ha dejado de cambiar a lo largo de la historia. Así lo demuestra la diversidad de interpretaciones que del mismo han hecho los cervantistas para adaptarlo a sus teorías ilustradas, neoclásicas o románticas. Desde el punto de vista filosófico se ha discutido si Don Quijote de la Mancha es una apología o una condena del idealismo, ya sea este falso o verdadero. Entre los españoles también se ha tratado de relacionar a ciertos protagonistas con personajes históricos e incluso al propio don Quijote con el Greco y los místicos (Federico de Castro). Uno de los primeros en intervenir en este debate nacional fue el padre Centeno, quien en 1787 escribió Don Quijote el Escolástico para criticar a quienes se atrincheraron en la escolástica para detener el avance de la Ilustración en España. Pero uno de las polémicas más apasionados enfrentó a quienes como Díaz de Benjumea afirmaban que el Quijote era un libro republicano, anticlerical e izquierdista con aquellos otros que, como Juan Valera no veían en él ningún tipo de crítica social. Tampoco faltan las excentricidades ni quienes como Unamuno y Ortega piensan que Cervantes no fue plenamente consciente del significado de lo que escribía
jueves, 3 de abril de 2025
Bacía, yelmo, halo. Este es el orden, Sancho (León Felipe)
Don Quijote de la Mancha es un asunto muy trillado, pero tan abierto a la imaginación y al entendimiento que se puede afirmar que su tema no ha dejado de cambiar a lo largo de la historia. Así lo demuestra la diversidad de interpretaciones que del mismo han hecho los cervantistas para adaptarlo a sus teorías ilustradas, neoclásicas o románticas. Desde el punto de vista filosófico se ha discutido si Don Quijote de la Mancha es una apología o una condena del idealismo, ya sea este falso o verdadero. Entre los españoles también se ha tratado de relacionar a ciertos protagonistas con personajes históricos e incluso al propio don Quijote con el Greco y los místicos (Federico de Castro). Uno de los primeros en intervenir en este debate nacional fue el padre Centeno, quien en 1787 escribió Don Quijote el Escolástico para criticar a quienes se atrincheraron en la escolástica para detener el avance de la Ilustración en España. Pero uno de las polémicas más apasionados enfrentó a quienes como Díaz de Benjumea afirmaban que el Quijote era un libro republicano, anticlerical e izquierdista con aquellos otros que, como Juan Valera no veían en él ningún tipo de crítica social. Tampoco faltan las excentricidades ni quienes como Unamuno y Ortega piensan que Cervantes no fue plenamente consciente del significado de lo que escribía
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