jueves, 3 de abril de 2025

Bacía, yelmo, halo. Este es el orden, Sancho (León Felipe)


Don Quijote de la Mancha es un asunto muy trillado, pero tan abierto a la imaginación y al entendimiento que se puede afirmar que su tema no ha dejado de cambiar a lo largo de la historia. Así lo demuestra la diversidad de interpretaciones que del mismo han hecho los cervantistas para adaptarlo a sus teorías ilustradas, neoclásicas o románticas. Desde el punto de vista filosófico se ha discutido si Don Quijote de la Mancha es una apología o una condena del idealismo, ya sea este falso o verdadero. Entre los españoles también se ha tratado de relacionar a ciertos protagonistas con personajes históricos e incluso al propio don Quijote con el Greco y los místicos (Federico de Castro). Uno de los primeros en intervenir en este debate nacional fue el padre Centeno, quien en 1787 escribió Don Quijote el Escolástico para criticar a quienes se atrincheraron en la escolástica para detener el avance de la Ilustración en España. Pero uno de las polémicas más apasionados enfrentó a quienes como Díaz de Benjumea afirmaban que el Quijote era un libro republicano, anticlerical e izquierdista con aquellos otros que, como Juan Valera no veían en él ningún tipo de crítica social. Tampoco faltan excentricidades como las del grupo de escritores menores que durante el franquismo reinterpretaron a Don Quijote para vincularlo al cionalcatolicismo, esfuerzo sobrehumano al que alguno dedicó 800 páginas para no decir nada salvo que Don Quijote había vuelto para salvar a España. Otros como Unamuno y Ortega prefirieron pensar que Cervantes no fue plenamente consciente del significado de lo que escribía 

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