Ensayo acerca del movimiento obrero y el socialismo con especial atención al marxismo, entendido como confluencia de ambos. La idea que se defiende es que el marxismo no es un dogma de fe ni una lista de predicciones que tienen que cumplirse como si fuera una profecía, sino una herramienta de análisis. En palabras de György Lukács: "Incluso si la investigación moderna demostrara la falsedad de todas las afirmaciones particulares de Marx, un marxista ortodoxo serio podría aceptar todos esos nuevos resultados sin reserva... porque la ortodoxia marxista no reside en la creencia en tal o cual tesis, sino exclusivamente en el método." La
sociedad del futuro será una sociedad sin clases, pero no llegará
pronto ni de forma sencilla. El ser humano es una especie joven, que
tarda en aprender y que acumula conocimiento técnico, pero no esa
sabiduría que según los ancianos de Argos se adquiere mediante el
sufrimiento.(Agamenón,
Esquilo).
Aquellos
cuyas vidas han sido dañadas por el capitalismo no necesitan más
argumentos para ser marxistas que su propio testimonio. Pero por sí
solo, este razonamiento es insuficiente, entre otras cosas porque se
puede tener una vida privilegiada por el capitalismo y ser marxista.
Más objetivo es exponer cómo el capitalismo produce desigualdades
estructurales e injustificadas que condicionan todos los ámbitos de
la vida personal y social. No se trata de imponer una homogeneización
gris ni de igualar automáticamente todas las retribuciones. Es
legítimo que existan reconocimientos diferenciados que pongan en
valor la contribución al bienestar colectivo, la corresponsabilidad,
la implicación afectiva y el esfuerzo por desarrollar las
capacidades humanas; pero tampoco estas diferencias pueden
transformarse en brechas desproporcionadas que otorguen poder sobre
los demás o anulen la libertad real. Para
Passolini,
el verdadero triunfo
personal
era preservar estos valores educando a las
nuevas generaciones en el valor
de la derrota. En este mundo de vencedores vulgares y deshonestos, la única educación ética posible es la que enseña a perder sin someterse.

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