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viernes, 4 de abril de 2025

Le herida. Diálogos con los libros. Introducción




Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío, 
como un amo implacable
 me obliga a trabajar de día, de noche, 
con dolor, con amor

de ahí la importancia de los silencios que favorecen la reflexión y hacen dudar acerca de la propia calificación de la obra como tragedia o comedia. Hay escritores que hacen que sus personajes tomen decisiones con las que no siempre estará de acuerdo el lector, pero ninguno tan nocivo como el que le hace creer que existen seres ideales y que nada puede cambiar. Cuando apenas si queda tiempo para curarnos de su positividad tóxica creemos haber alcanzado la sabiduría del desengaño, para luego afirmar que esta no es más que la gran decepción que vienen sufriendo todos los ilusos a lo largo de la historia, de la misma manera que el barroco confunde el vivir y el soñar, para afirmar ideológicamente que la vida auténtica es posterior a la muerte. Sin embargo, Lukács demuestra que la desilusionada novela burguesa no hace otra cosa que dar testimonio contra sí misma en la medida en que nos presenta el fracaso de sus “cadáveres vivientes” una vez consolidado, es decir, sin mostrar el proceso del que ha resultado. Como escribe Sartre, cuando los soñadores acaban confundiendo el desencanto con la verdad no hacen otra cosa que disfrazar su cinismo de madurez o sabiduría. En lugar de procesar esa ruptura como una llamada a la acción, la convierten en una conclusión absoluta: el mundo es malo y no se puede cambiar. La caída en picado que desde entonces han experimentado el arte y la crítica explica que buena parte del éxito de la posmodernidad consista en aceptar y renovar constantemente la relación entre deseo y frustración. Según Sartre, el instante de reflexión al que llega Sísifo es la lucidez sin esperanza que alcanzamos cuando los decorados se desploman.
d) Pero, al que solo es hombre, ¿quien le canta?- Ángela Figuera

Juan Gelman

 

a) El título. En el poema que comienza con el verso "Llegó con tres heridas", el joven Miguel Hernández observa la tragedia humana desde una perspectiva objetiva o externa. A continuación, el texto transita hacia la vivencia íntima al asumir la primera persona: «Con tres heridas yo». En las estrofas posteriores, el poeta altera el orden de estos tres padecimientos para sugerir su relación dialéctica: un proceso donde se alimentan mutuamente hasta fundirse en una sola herida.


b) El contenido. De mi propia cosecha he aprendido muy poco, pero con la profunda atención de quien oye llover (José Bergamín) he leído a otros más talentosos. Las conversaciones que a solas he mantenido con sus obras son el tema del presente ensayo o conjunto de pretextos. Los libros que más me han ocupado a lo largo de la vida han sido aquellos que ofrecían una interpretación del mundo o un proyecto para cambiarlo, pero ni en los más fecundos de estos diálogos he llegado a descubrir el sentido de la vida.

Lecturas que iluminan la existencia me han enmudecido de tal manera que cualquier cosa que hubiese dicho yo habría sido decir menos. Este es el caso del drama social de John Boynton Priestley titulado Ha llegado un inspector, pero sobre todo de Los hundidos y los salvados, ensayo de Primo Levi del que solo he podido comentar su relación con Jean Améry. Como tantas veces se ha dicho, quien no reciba un relámpago de entendimiento con la lectura de tales obras no lo recibirá de comentario alguno. Por contra, escritores o textos de renombre o no me gustaron o no los entendí. Entre los primeros destaca Haruki Hurakami.

c) Los personajes literarios más realistas no son aventureros, héroes ni villanos, sino mujeres y hombres complejos cuyas pasiones y contradicciones tienen lugar en la vida cotidiana ante la indiferencia social. Como los protagonistas de los cuentos de Chéjov, se trata de personas insatisfechas que no logran expresar la causa de su frustración,

    
    

Hace bien Pierre Michon en escribir para que los muertos no mueran del todo, o para que su sombra tenga la misma intensidad que la de los reyes. Como dijo Horkheimer, el sistema solo puede ser criticado por quienes viven de él, los “otros, los que tienen la ocasión de conocerlo desde abajo, son desarmados mediante la despreciativa connotación de que están amargados, deseosos de venganza, son envidiosos". De las “corteses y hambrientas razones” de Sancho, uno de esos otros gigantes sobre cuyos hombros empapados de sudor barato (Ángela Figuera) también nos hemos alzado he aprendido que no hay mayor virtud que la buena voluntad ni peor defecto que la falta de respeto, básicamente porque ambas están al alcance de todos. Don Quijote y el canónigo de Toledo, posible interlocutor de Cervantes, dan a Sancho el mismo consejo: para ser buen gobernador, lo primero es tener buena intención. Acerca de los desconsiderados, parafraseando a Luciano Canfora podríamos decir de ellos que su mayor placer es gritar NO a los infelices.

Los libros son temas de discusión, pero su lectura se dificulta cuando se convierten en modelos conceptuales, teóricos y metodológicos compartidos por una sociedad académica, profesional o mercantil. También cuando se usan para abordar problemas específicos en un campo particular. Por contra, para comprender algo es necesario salirse del tema . Estos breves textos son una excusa para dar mis opiniones de manera problemática y transversal, es decir, estableciendo relaciones discutibles que poco o nada tienen que ver con las reseñas habituales o con la enumeración de datos biográficos a los que cualquiera puede acceder sin gran esfuerzo. Juan de Mairena sabía que los libros son vida acumulada, por lo que es imposible fijar fronteras entre literatura, realidad y filosofía. Cuando digo que mis ensayos no cuentan nada nuevo no lo hago con falsa modestia. Soy un mediador que tiene muy presente la opinión de Iván Petróvich Voinitski acerca de su cuñado: "...este hombre, durante exactamente veinticinco años, escribe sobre arte sin comprender absolutamente nada de arte…Durante veinticinco años exactamente, mastica las ideas ajenas sobre realismo, naturalismo y toda otra serie de tonterías…Durante veinticinco años lee y escribe sobre lo que para la gente instruida hace tiempo es conocido y para los necios no ofrece ningún interés…". Por si fuera poco, la presencia en las páginas que siguen de algunos autores es mayor de lo que dejan ver las numerosas citas o referencias expresas que hago de sus obras. Esto es lo que desde hace más de medio siglo vienen haciendo muchos escritores mal reputados como intelectuales, cuyo único mérito es ensamblar fragmentos de otros más aptos. Pese a todo, suscribo lo que dijo Charles Bukowski acerca de sus versos: he hecho poemas horribles, pero no tan horribles como muchos de los que he visto publicados. Mis conocimientos y habilidades solo me permiten ser un mero glosador de la obra de otros, una especie de exégeta medieval que escribe para aprender y cuyo único mérito consiste en tratar de desbaratar el orden impuesto por el idealismo culturalista, pero no en favor del nuevo Desorden mundial que promueven las grandes fortunas, sino para rearmarlo en su versión no autorizada, es decir, en beneficio de quienes ocupan el banco inferior de los remeros, mujeres y hombres cuyo testimonio ha sido silenciado, unas veces de forma violenta y otras privándolos de las capacidades y los medios necesarios para comprender los motivos por los que nunca cumplirán sus sueños.

e) Inevitablemente, la palabrita ≪yo≫ aparecerá en estas paginas con mas frecuencia de lo deseable, sobre todo, siempre que no pueda sin mas atribuir también a terceros mi experiencia personal. J. Amery

Una de las partes más autobiográficas de este ensayo lleva el mismo título que el capítulo 28 de El hombre sin atributos, de Robert Musil: “Un capítulo que se lo puede saltar quien no estime las consideraciones introspectivas”. Este conjunto de textos es también la parte que más veces ha cambiado de nombre. Primero lo llamé Yo lo vi y pronto sabré quien soy, conjunción de un verso de Borges y de una anotación manuscrita por Goya en una estampa en la que representa los sufrimientos de la población en pleno avance de las tropas francesas mientras el clero y los propietarios huyen abrazando una bolsa de dinero. También tuve la tentación de titularlo Confesiones, no por envanecimiento autobiográfico ni porque pretendiera imitar a San Agustín, sino más bien por todo lo contrario. En el primer caso porque mis experiencias carecen de interés. Es verdad que son las de una generación acerca de la que todavía queda casi todo por decir, pero soy incapaz de hablar de ellas de forma impersonal. En el segundo, porque lo que necesito es recuperar la concupiscencia antes de perderla por completo. También porque la intención de Agustín tenía más de adoctrinamiento que de autognosis. Rechazo toda celebración de la Felix Culpa, pero especialmente la que surge del error. Agustín no dominaba la lengua griega, lo que le hizo malinterpretar a San Pablo con el lamentable resultado de condenar injustamente a quienes aún no habían nacido por un olvidado pecado original para luego consolarlos ideológicamente en la esperanza. Como escribe F. Hinkelarnrnert, Agustín usa palabras de Pablo para designar lo contrario de lo que para él significaron. Los Padres de la Iglesia ya se habían referido al pecado original, pero ni ellos ni las Sagradas Escrituras lo presentaron de forma tan alevosa como el severo Doctor de la GraciaPara Agustín, a diferencia de lo que pensaba Pelagio, el pecado original no quedó congelado en el Génesis como una simple mancha legal o abstracta: es un mal que cada persona reproduce por su incapacidad para gobernar el deseo. Incluso entre esposos, el acto sexual implica una pérdida momentánea del control de la razón sobre el cuerpo. Si el acto busca la procreación, es bueno y exento de culpa; si busca el placer mutuo sin fin procreativo directo, es un pecado venial. No se trata solo de ser víctimas pasivas de la culpa de Adán, sino de renovar activamente la perversa concupiscencia que ni José Arcadio Buendía ni Úrsula pudieron reprimir pese a temer que su hijo naciese con un rabo de cerdo. Agustín debió sufrir tanto como Cioran pensando que los santos habían surgido de un espermatozoide. Ni a los pintores de la Edad Media ni a Miguel Ángel en los frescos que decoran la Capilla Sixtina se les ocurrió representar a Adán y Eva sin ombligo, cicatriz innecesaria para quienes no habrían nacido de mujer. En general, todas las religiones cargan con temores y culpas irracionales a quienes eran buenos desde antes, sin que a cambio logren hacer bueno a ningún malo: el bueno no sabe de su bondad ni la piraña duda de lo adecuado de sus actos (Wislawa Szymborska)

g) Escribir es vivir. José Luis Sampedro

Después de haber sido molido a palos en el Gran teatro del mundo no es difícil que a uno se le ocurra algo acerca de lo que ha vivido o leído en los grandes libros, aunque solo sea por desagravio o para quitarle el terciopelo a los que no lo son. Me pregunto que harán los ágrafos con las penas que junto a ellos durmieron fatigadas de la lucha diaria para ofrecer batalla con mayor furia al despuntar la alborada (Juan Ramón Jiménez).