jueves, 12 de marzo de 2026

Los persas, de Esquilo

  Esquilo luchó en Maratón y probablemente en Salamina, pero decidió alejarse del triunfalismo directo para ofrecer una perspectiva humanista de la guerra. La obra no presenta a los persas como malvados, sino como esclavos de su rey, Jerjes. Al mostrar el sufrimiento real de los persas, especialmente el dolor de la Reina Atosa y la sombra del Rey Darío, Esquilo hizo que los atenienses sintieran compasión por los mismos que intentaron quemar su ciudad apenas ocho años antes. Pero la tragedia tiene tanto de promoción política como de catarsis. Ver al enemigo poderoso reducido a la nada reforzaba la magnitud de la victoria griega y humanizaba el costo de la guerra. Esquilo advierte a los propios atenienses de que si Atenas se vuelve imperialista y arrogante como Persia, sufrirá el mismo destino y lanza un mesaje directo a los generales y políticos sentados en la primera fila: los griegos ganaron en Salamina no porque fueran mejores guerreros físicamente, sino porque luchaban por su propia libertad y sus instituciones.

 La obra fue financiada por un joven Pericles que más tarde se convertiría en el mayor defensor de la democracia radical, de ahí que se subraye que los atenienses no tienen un dueño. En un diálogo crucial entre la reina madre Atosa y el Coro, ella pregunta quién es el dueño o pastor del ejército griego. La respuesta es contundente: de ningún hombre son esclavos ni súbditos de nadie. Este concepto de autonomía era el pilar de la identidad democrática frente al sistema persa, donde todos, incluso los nobles, eran considerados esclavos del Gran Rey. Los Persas no solo celebra la derrota del enemigo, sino que celebra el triunfo de la ley y la igualdad ciudadana sobre el capricho de un tirano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario